Qué historia habrá detrás de esta imagen. No se abandona la herramienta de trabajo así como así. Iba yo camino a la oficina y me ha llamado tanto la atención que he sacado la foto. Llovía un poco. La farolas todavía estaban encendidas.
La cosa empezó el 1 de septiembre de 2009. Serían sobre las 11 de la mañana. Estaba tumbado en la playa de Calafell. Me levanté y en vez de emprender el habitual y relajante paseo por la orilla del mar me eché a correr. (sigue)
sábado, 30 de octubre de 2021
Dos medianas con doble de queso
domingo, 29 de agosto de 2021
Sueños de ganchillo
Estábamos el otro día ordenando cajones por casa cuando salió a relucir un lote de pequeñas labores de ganchillo que amarilleaban allí desde hacía tiempo. Las más recientes las tejería mi madre, hará unos seis o siete años. Las más antiguas podrían tener más de un siglo, pues habrían salido de las manos de abuelas, tías, bisabuelas, que mi suegra y mi madre habían ido guardando desde niñas.
Qué hacer con todos esos tapetes, pañitos y ribetes hechos a mano por antepasadas nuestras. Mujeres de nuestra familia que vivieron épocas muy distintas a esta y que dedicaron muchas tardes de su vida a esa labor mitad manual mitad espiritual de crear formas geométricas con aguja e hilo. Las imagino junto a la ventana, al calor del brasero en invierno, o en el balcón lleno de geranios en verano, tejiendo para el ajuar de sus hijas, o sus nietas, soñando para ellas un futuro mejor. O quien sabe si reviviendo aquel amor de juventud que nunca llegó a ser. Porque lo bueno de este tipo de trabajos es que, aunque exigen cierta concentración, aquietan el espíritu y permiten dar rienda suelta a la imaginación mientras se ejecutan. Como lo de colorear mandalas, solo que el resultado es mucho más útil y perdurable.
domingo, 4 de julio de 2021
El día del libro del universo
miércoles, 9 de junio de 2021
Breve historia de la informática (I)
A lo de breve se le podría añadir "muy incompleta" y "falta de rigor", pero esto no es la Wikipedia, oigan.
Allá va.
Primera época
Sería a principios de los 70 cuando un compañero de clase del colegio Escolapios de Barbastro y amigo del barrio me trajo a casa una tarde la primera calculadora que había visto yo en mi vida. Era una Casio blanca de plástico muy parecida a la de la foto. Puede que fuera ese mismo modelo. Tenía una estrecha pantalla negra de cristal en la que se iluminaban unos dígitos perfectos, cuadriculados, de un verdiazul fulgurante. Una clase de números que solo había visto en alguna película de ciencia ficción como 2001, Odisea en el espacio. Aquella máquina del futuro me tenía hipnotizado. El padre de mi amigo, que era el dueño de una fábrica importante, la había comprado en Canarias por 13000 pesetas, una ganga al parecer, pero que era un dineral entonces. Algo que casi nadie se podía permitir, claro. Ni lo de ir a Canarias, ni lo de comprarse aquel juguetito. Todavía recuerdo perfectamente aquel aroma dulzón tan especial a circuito electrónico que despedía el liviano y mágico objeto mientras lo tenía en mis manos. Fue la primera vez que sentí esa excitante sensación, y la revivo intensamente cada vez que desempaqueto un móvil nuevo, por ejemplo. Lo del olfato es increíble.
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| Una de las primeras calculadoras Casio. Años 70 |
No sé cómo convencí a mi amigo de que me dejara la calculadora hasta el día siguiente. Pero me la dejó. Me pasé horas haciendo multiplicaciones y divisiones larguísimas, maravillado ante aquellas cifras verdes que aparecían al instante sin más ruido que el suave clic de las teclas y que iluminaban mi alcoba convirtiéndola en una especie de nave espacial. Me agazapé allí para gozar solo, embriagado de aquél aroma, frente a aquel tenue resplandor, sabedor de que era dueño exclusivo, aunque fuera por unas horas, de aquella maravilla de la técnica.
Fue como una revelación. Junto a la curiosidad propia de esa edad, ya tenía yo entonces cierta propensión a evitar las tareas tediosas, e intuí que aquella nueva tecnología podría serme de gran ayuda en un futuro próximo. Y así fue. Supongo. Ya en el BUP todos tirábamos de calculadoras Casio para hacer las cuentas. Eran algo más evolucionadas y resultaban relativamente asequibles.
He dicho todos, pero no. Había alguna excepción, gente lista por lo general con una visión más a largo plazo (o con progenitores o algún hermano mayor de esas características) que usaban calculadoras Hewlet Packard. Solo con ese nombre ya se veía que eran algo raro. Funcionaban como al revés: en vez de poner "A+B=" y ya está, como en las Casios, en las Hewlet Packard había que poner A "Enter" B +. Algo realmente extraño, que no entendíamos los demás pero que con el tiempo se demostraría un modo más eficiente de operar y que estaba más en consonancia con los lenguajes de programación de los que se empezaba a oír hablar. La de veces que nos quedaba de darle al Enter y pensábamos que aquello no iba con nosotros. Pues sí. eran los albores de la informática. Al menos en mi breve historia.
Faltaban uno o dos años para que tuviera mi primer "ordenador". El Commodore 64. Pero eso lo dejaré para el siguiente capítulo.
martes, 1 de junio de 2021
Descifrando las nuevas tarifas eléctricas
Puede que "Intentando descifrar..." hubiera sido más correcto, pero tratándose de un titular, tampoco hay que ser tan exquisito. Bueno. Al grano. Cualquiera que haya estado al tanto de las noticias estos días se habrá enterado de que hoy, día uno de junio de 2021, entran en vigor las nuevas facturas de la luz. Y según lo que nos han ido contando, parece que el meollo del asunto va a estar en la variación del coste del consumo según franjas horarias. Todo eso del valle, el llano y la punta (qué lástima, podían haber puesto "cumbre" en vez de "punta" y todo hubiera quedado mucho más bucólico).
Y el primer resultado de este cambio, antes de entrar en detalles, ha sido provocar el desasosiego general del personal. Con este embrollo de peajes, cargos, potencia contratada, tarifas varias, etc., quien más quien menos está pensando en cuadrar sus horarios de trabajo con los de poner la lavadora, planchar la ropa, recoger a los niños del cole y mil cosas más adaptándolos a esta nueva situación que nos ha caído encima. Como si no estuviéramos ya suficientemente entretenidos intentando sobrevivir en medio de esta pandemia y sus múltiples crisis colaterales. Pero tranquilos. Todo es por nuestro bien.
¿Cómo va a cambiar el precio de mi contrato de suministro?
En el caso de los consumidores acogidos al PVPC (precio voluntario para el pequeño consumidor), los comercializadores de referencia deberán aplicar los nuevos precios establecidos para los términos de potencia y energía del PVPC, con los tramos horarios indicados anteriormente.
En el caso de consumidores en el mercado libre, el comercializador debe adaptar el precio del contrato para incorporar la diferencia de costes regulados, pudiendo optar entre:
- A. Adaptar el precio del contrato a los nuevos periodos de energía y potencia.
- B. Mantener los tramos de precios que el consumidor tuviera acordado previamente en su contrato (precio fijo todo el día, precios diferentes entre semana/fin de semana, etc), trasladando al precio la diferencia de costes que resultaría para su perfil de consumo.
El cualquier caso, el comercializador deberá comunicar estos cambios al consumidor con la suficiente antelación.
martes, 22 de diciembre de 2020
La Navidad en tiempos de whatsapp
Recuerdo aquellos años en los que recibía en casa alguna felicitación por Navidad. No eran muchas. Quizá cuatro o cinco en los mejores tiempos. Incluso enviábamos alguna nosotros también. Mi mujer solía hacerse cargo. Comprábamos un paquetito de 6, creo, y siempre nos sobraban. Eran de las de Unicef, que costaban un poco más pero valía la pena: acallaban un poquitín tu conciencia durante esos días tan entrañables.
Con el nuevo siglo y el auge del correo electrónico la cosa empezó a decaer. Nos enviábamos por este medio felicitaciones que se parecían un poco a aquellos christmas pero ya casi no hacía falta añadir ni escribir nada personal. La bomba eran los montajes con música y todo, en los que la familia del felicitante aparecía convertida, por ejemplo, en alegre troupe de duendecillos navideños. Impresionante. Hasta que recibías la quinta de la misma serie y la cosa comenzaba a perder interés.
Pero esto no era nada para lo que estaba por llegar: El whatsapp. La sublimación de la inmediatez. La piedra filosofal de la comunicación interpersonal. ¡Y gratis! Bueno, casi gratis. Solo tienes que aceptar una serie de cláusulas por las que das acceso a tus datos personales, tus documentos, tus fotos de familia, tus gustos, tus aficiones, tus..., tu alma, en resumen, a una serie de monopolios tecnológicos todopoderosos que harían palidecer al mismísimo gran hermano de Orwell. Pero ese es otro tema. Que me pierdo. Ah si. Que estaba hablando de las felicitaciones de Navidad por whatsapp.
Las hay de distintas clases, pero las que menos me gustan son las prefabricadas que se reenvían inmoderadamente a través de grupos o de uno en uno. Cuando recibes una que te gusta solo hay que darle a "reenviar" y elegir a tus víctimas. Nada más. Ya has cumplido. Es tan fácil. Y dentro de estas las hay de muy diversas categorías, desde los simples textos, en general excesivamente edulcorados, pasando por las postales con mensajes en la misma línea, hasta los vídeos de 60 megas, que nunca suelo abrir. Y todo ello aderezado con mucho espumillón, muñecos de nieve, papanoeles y demás parafernalia. Aunque también abundan las versiones más "zen" con velitas o puestas de sol combinadas con frases ad hoc, y las más piadosas, con angelitos y portales de Belén. Todo muy bonito y muy solidario y muy todo. Y lo mejor de todo: sin que el remitente haya hecho mas esfuerzo que el de darle a "reenviar". Es tan cómodo.
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| Felicitación navideña típica de whatsapp. No me suele picar la curiosidad tanto como para abrir a ver qué cuenta. |
Llamadme antiguo, pero antes que cualquier mensaje enlatado de esos, prefiero un simple "¡Hola!" escrito de puño y letra. No sé. Cualquier cosa, pero que sea personal. Y ya si el que te quiere felicitar te hace una llamadita de teléfono y te dice por ejemplo: "Nada, que como hace tiempo que no hablábamos, te llamo para felicitarte la Navidad y ver qué tal estáis y...". Eso si que se agradece, verdad.
Pues eso.
Que... ¡Feliz Navidad!
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Como sobrevivir en los grupos de whatsapp. La guía definitiva
viernes, 4 de septiembre de 2020
El mejor aperitivo del verano: sin alcohol, saludable y con pegada
- Sin alcohol
- Sin azucares.
- Sin gas.
- Refrescante
- Con sabor.
- Bajo en calorías.
- Media copa de salmorejo envasado (el recién hecho en casa está buenísimo, por supuesto, pero para este uso recomiendo el que venden ya preparado, y en concreto el de la marca Día)
- Un chorrito de vinagre al
gusto. Ojo. No hay que pasarse. Se trata de compensar la dilución.
- Unas gotas de Tabasco, también
al gusto, claro.
- La otra media copa de agua bien fría.
- Mezclar bien con un tenedor (o en coctelera si quiere impresionar a alguien) y servir.
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| Los ingredientes no pueden ser más sencillos. El secreto está en encontrar el punto de vinagre que se adapte al gusto de cada cual. En general no es necesario añadir sal, pues estos envasados suelen ir sobrados de serie. |
Basta ya de cerveza, por favor
Elogio del entremés frente a los entrantes compartidos
Borrajas contra la pandemia
El calamar bravo
El Alhambra






