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domingo, 12 de febrero de 2023

El jilguero y el Kindle

Hace ocho años una buena amiga de mi mujer le regaló este libro acompañado de una cariñosa nota manuscrita (por la que he sabido lo de los años). En ese tiempo, ambos, mi mujer y yo, hemos hecho algún intento de abordar la lectura de esta monumental novela, pero para enfrentarse a un tocho de casi 1200 páginas, hay que tenerlo muy claro. Y como siempre había  otras lecturas más ligeras a mano, no veíamos el momento de atacarlo. No obstante, en su defensa (del libro), tengo que decir que durante todos estos años ha mantenido intacta su dignidad: nunca abandonó su posición de privilegio sobre la mesilla de noche, eso sí, la de la casa del pueblo. Y como la perseverancia lo puede casi todo, al final, esta pasada Navidad le llegó su turno.

Después de volver a encontrarme por ahí con alguna elogiosa referencia a esta obra y aprovechando que tenía unos días de vacaciones pensé que sería una buena ocasión para enfrascarme en su lectura. Y así fue. La novela narra en  primera persona el tortuoso tránsito de la niñez a la edad adulta de un chico corriente que pierde a su madre en un dramático suceso que marcará toda su vida. Esto que podría parecer así una historia mas o menos convencional, se convierte en una  lectura apasionante gracias a las peculiares circunstancias que envolvieron aquel trágico incidente y a la magistral y cercana forma de narrar que tiene Theo, el protagonista por obra y gracia de la autora, claro—,  que hace que empaticemos inmediatamente con él y no tengamos gozosamente  mas remedio que acompañarlo hasta el final. 

El único problema que le encontré al libro era su volumen y su peso. Una cuestión ajena a su contenido pero que me hacía entre algo y bastante incómoda su lectura. Y es que para uno que está acostumbrado a leer en posturas más bien yacentes en el sofá o en la cama, tener un peso de casi kilo y medio apoyado en el esternón o, casi peor, sujeto en el aire con una o con las dos manos, resulta al cabo de un rato bastante engorroso, la verdad. Y es aquí donde la pura suerte vino a hacerse cargo del asunto de la forma más providencial, como sucede solo muy de vez en cuando.

En papel o en ebook. Un pedazo de libro.

Nunca nos habíamos interesado en casa por los lectores de ebooks, los llamados eReaders. Para qué más cacharros electrónicos habiendo libros de papel. Pero mira tú por dónde que justo en esos días previos a la Navidad, ya enganchado y un poco magullado— con "El jilguero". O sea que me vino como caído del cielo. Qué cosa más ligera y práctica. Y además se puede leer con la luz apagada sin molestar a nadie con la suave retroiluminación que incorpora. Una maravilla. 

Aunque cada vez que paso por la estantería y veo el ejemplar de papel, allí, anónimo, uno más entre  otros muchos libros que sí tuvieron la dicha de ser leídos página a página... Él que estuvo tantos años  junto a nuestra cama, como un perro fiel, esperando paciente nuestra atención. ¡Maldita sea!  Cuando lo veo allí, tengo que apartar la mirada. 


martes, 3 de enero de 2023

El gran libro de la memoria de Barbastro y otros mundos. El mejor regalo de Reyes.

Cuando Juan Carlos Ferré me propuso hace ya dos años colaborar en este libro a beneficio de la asociación  Alzheimer Barbastro y Somontano me sentí muy honrado e ilusionado. No era para menos. Iba a ser la primera vez que uno de mis escritos aparecía en un libro de verdad. Al principio pensé que se trataría de un volumen recopilatorio con una treintena de artículos o así, que no estaba nada mal, pero con el paso de los meses, la amplitud de  miras de Juan Carlos y su red de contactos (y contactos de contactos) hizo que el proyecto fuera creciendo tanto en volumen como en diversidad de contenidos y formatos hasta convertirse en la obra monumental que podemos disfrutar hoy. 

Me atrevo a decir que el libro, titulado "Azules y tierras: Barbastro y otros mundos", está compuesto de lo mismo que están hechas nuestras propias vidas: de memoria. Y en eso confluye plenamente con el objetivo de la asociación a la que se destinarán los ingresos que genere su venta: luchar contra el olvido. Mantener vivo el recuerdo de lugares, de personas, de historias que sucedieron, es de lo más importante y humano  que podemos hacer, también por nosotros mismos.

El libro incluye cientos de interesantes artículos y contenidos gráficos de otros tantos autores, algunos de ellos tan relevantes como Manuel Vilas, por ejemplo.

Un regalo muy recomendable para hacer y para hacerse.

De venta en las librerías de Barbastro. 

(También disponible para comprar por internet.)


sábado, 8 de octubre de 2022

Díxame pescá con tú

Si  me hubieran dicho hace tan solo tres meses que me iba a leer una novela escrita en aragonés, así, sin rechistar y sin que nadie me lo mandara, seguramente habría puesto cara de "qué me estás contando". Pero ya sabéis cómo va esto, más vale no decir de esta agua no beberé, porque fácil que al poco estés bebiendo de esa misma, pero a morro.  Pues eso, que no solo acabo de leerme la novela del título, sino que la he disfrutado de principio a fin y, ojo, ¡sin haber tenido que mirar ni una sola vez el diccionario! 

Y os preguntaréis y sino es  igual porque os lo voy a contar de todas formas qué  bicho me ha picado para haberme hecho cambiar así de rumbo. Pues uno de buen tamaño, más grande que yo, al que me arrimé este verano junto a la plaza de toros de Barbastro. Estábamos dándole al jamón y al pan con tomate en un picoteo que se había organizado con motivo del festival BFOTO y empezamos a charrar de una cosa y otra. Entre el vino del somontano, la buena noche que hacía y varias aficiones que vimos que teníamos en común, congeniamos enseguida. 

Así que al día siguiente, rechirando por internet, me encontré con varios escritos de Chuan de Fonz, que es el nombre artístico que Juan Carlos Marco me dijo que empleaba para estos menesteres y, ahí empezó todo. Este Chuan es un fenómeno. Tiene una gracia especial para contar historias realmente divertidas, en las que el uso del aragonés es un elemento fundamental.  Para mi, que nunca me había interesado mucho por esto de las lenguas autóctonas, fue como una revelación.

Y es que leyendo los textos de Chuan me he dado cuenta de la cantidad de modismos aragoneses que reconozco como propios, o al menos me resultan muy familiares, porque los he oído a mi padre, a mis abuelos,  que eran de La Fueva, o a los de mis amigos que eran de Olsón, de Abizanda, de Estada,... Incluso mi madre o mi abuelo Domingo que eran nacidos en Barbastro, usaban también muchas de esas expresiones que hoy sigo usando.  No sé si quien no haya vivido por estas redoladas  entenderá tan fácilmente esta fabla, pero por probar poco perdéis, porque si sí, que casi seguro que sí, ya tos digo yo que tos ferá gozo.

Esta es la novela de Juan Carlos Marco que obtuvo el  Premio de Novela Corta en Aragónes Ziudá de Balbastro en 2018.  Me ha encantado. Aunque el título pudiera hacer pensar a alguien que se trata de un cuentito simple sin demasiado enjundia, de eso nada, es una novela moderna, bien estructurada y con mucha miga. Trata sobre un joven estudiante alemán que en los años 60 se traslada a un pueblo de la baja Ribagorza, donde, aparte de estudiar la lengua propia del lugar, en la que está escrita la propia novela, se enamora de una moza de armas tomar. Las vicisitudes que atraviesan a lo largo de toda su vida sirven para tejer esta emotiva historia sobre la familia, el amor, la amistad que mantiene el interés hasta el final. Y lo bueno es que el aragonés en que está escrita enriquece mucho la propia obra. De alguna manera, el acerbo cultural de las gentes que habitaron estos territorios, que son los nuestros, continua vivo en esas palabras, y seguirá vivo mientras haya quien siga hablando, escribiendo o leyendo estas lenguas. Pero lo mejor de todo es que no hay que esforzarse, solo hay que abrir el libro y empezar a pasarlo bien.






domingo, 16 de enero de 2022

El arte de envejecer

Este año los Reyes  vinieron por primera vez  a mi casa en modo "amigo invisible". No sé por qué han tardado tanto en dar este paso en la nuestra, con el tiempo que llevan así en otras, porque la verdad es que está muy bien esta modalidad. Te evitas lo de pensar qué te pides, escribir la carta y todo eso, y además, como ni siquiera sabes qué rey se va a ocupar de tu regalo, el efecto sorpresa está asegurado.

Así que la mañana del día 6 nos reunimos junto a la puerta de la terraza del salón, en eso no ha habido cambios, y empezamos a abrir los regalos de cada uno. ¡Oooh!¡Mira! Todo iba según lo previsto cuando me puse a abrir el mío.  Era un paquetito ligero. «Una cartera de bolsillo», pensé algo resignado. Pero al ir quitando capas vi que era un librito. Cuando leí el título, "El arte de envejecer",  torcí un poco el morro, «Vaya, me ha tocado el Rey mago graciosete.  Qué se le va a hacer. Me lo tomaré con deportividad». Es verdad que voy teniendo ya una edad, pero tampoco hacía falta restregármelo por la cara de esta forma, para empezar el año.  

Pero al momento mi expresión cambió al ver que el autor era Cicerón. «Este no es un advenedizo que pretende forrarse con un libro de autoayuda», me dije. Al darle la vuelta ya fue verdadero interés lo que sentí conforme iba leyendo. Esto es lo que ponía:

"¿Te preocupa que la vejez inevitablemente signifique perder tu libido, tu salud e, incluso, tus ganas de jugar?  Bueno, Cicerón tiene buenas noticias para ti.  En El arte de envejecer, el gran político y filósofo romano describe elocuentemente cómo podemos lograr que la segunda mitad de la vida sea la mejor parte de todas, y quizá descubrir que la lectura y la jardinería son en realidad mucho más placenteros que el sexo.  Lleno de sabiduría atemporal y orientación práctica, este breve y encantador clásico, originalmente titulado 'Sobre la vejez', aborda directamente los grandes temores a envejecer y argumenta por qué estas preocupaciones son muy exageradas, o totalmente equivocadas.  Montaigne dijo que el libro de Cicerón «le abre a uno el apetito por envejecer».  En un mundo obsesionado con la búsqueda inútil de la juventud, sus lecciones son hoy más relevantes que nunca".

Otra ventaja de este libro es que es de bolsillo "de verdad". Y como ya decían los clásicos: "lo bueno si breve..."

No hace falta decir que me zampé el libro en dos sentadas. Y vaya si me gustó. Y es que, a quién no le reconforta comprobar que lo que nos pasa ahora no es nada nuevo, que las tribulaciones que a veces nos quitan el sueño a nosotros, que nos creemos tan modernos y tan listos, son prácticamente las mismas que tenían entretenidos a nuestros antepasados hace 2000 años. Y casi más me reconforta saber, sí, ya sé que es un poco perverso, que son las mismas que pondrán en su sitio a nuestros hijos y nietos, por más que piensen que su condición de milenials, generación Z, influencers, tiktokers, o lo que sea, les va a  librar de pasar por caja, mucho antes de lo que esperan. Jeje.

Pero no hay que dramatizar.  Lo bueno es que los antiguos no solo se preocuparon por las grandes cuestiones fundamentales que nos plantea la vida en un momento u otro, sino que también encontraron algunas respuestas. ¡Y lo mejor es que estas son validas también para nosotros! Así, lo que nos muestra Cicerón en este libro no es que el paso de los años represente un menoscabo en la capacidad de ser feliz, sino todo lo contrario. Ahí está la gracia  de esta pequeña joya que os vengo a recomendar. Ah, y vale para cualquier edad. Si ahora no la veis útil, es cuestión de dejarla en la estantería y esperar un poco. Nada más.

jueves, 13 de enero de 2022

Altisidora, Altisidora

No es la primera vez que me pasa. Un día tienes noticia de un  personaje, un lugar, o lo que sea, del que no habías oído hablar en tu vida y al poco resulta que te lo encuentras hasta en la sopa.  Pues esto es lo que  me pasó, más o menos, con la bella Altisidora, personaje femenino que aparece, según cuentan, en la segunda parte del Quijote. Obra de la que, por si no ha quedado claro, confieso que no he leído más allá de los pasajes más conocidos en mi época de estudiante. Y eso que he intentando atacarla en varias ocasiones. Pero nada. Tendré que vivir con esa mancha en mi currículum. 

El asunto es que este verano, de vacaciones y totalmente despreocupado por mis carencias lectoras, coincidió que estaba por Barbastro los días en los que se celebraba el festival de fotografía emergente BFOTO. Así que, para un año que podía, me involucré un poco en alguna de las actividades que se organizaban. En ese momento, a finales de agosto, con la vacunación viento en popa, dábamos por sentado que lo de la pandemia, el gel y la mascarilla, estaba prácticamente superado. Y ya lo veis. Aquí estamos, con el virus más envalentonado que nunca. Pero bueno, ese es otro tema. El caso es que una de aquellas cálidas noches cenamos al aire libre en San Ramón del Monte. Me tocó sentarme justo en frente de Juan Cerón, fotógrafo que presentaba uno de los trabajos más interesantes, "Anaqronías", que consistía en una serie de fotografías en gran formato con un estilo pictórico clásico muy cuidado. En todas ellas el autor había introducido algún elemento actual, lo que convertía un trabajo, de por sí bello y  técnicamente impecable, en algo mucho más impactante. 


La bella Altisidora. Fotografía de Juan Cerón. (Perteneciente a la serie titulada Anaqronías)

En cada una de las fotos Juan nos muestra su particular interpretación de un personaje femenino secundario del Quijote. Y así es como conocí y caí rendido ante los encantos de "su" Altisidora. Después de la cena, mientras el resto del personal se quedaba un rato más, bajamos caminando tranquilamente hasta el pueblo Juan y yo. Hacía una noche magnífica. Por el camino fuimos hablando de una cosa y de otra y también de cómo se había organizado para hacer aquellas fotos que, evidentemente, llevaban detrás un importante trabajo de producción; modelos, vestuarios de época, iluminación,... En fin. Un paseo de la más agradable y enriquecedor.

Hasta aquí, todo normal. Lo curioso es que, ya de vuelta en Zaragoza, a primeros de septiembre, vuelvo a oír hablar de Altisidora. Y me entero de que es así, precisamente con ese singular nombre, Altisidora,  con el que Manuel Salvador, el protagonista de "Los besos" de Manuel Vilas, llama a Montserrat, su compañera de viaje en el libro. Y le da ese nombre solo cuando la ve a través de los ojos del amor y la pasión, volviendo al original el resto del tiempo. Quizá alguien se pregunte por qué lo llamo "Manuel Salvador" cuando en el libro se llama solo Salvador. Pues porque después de leerlo, así como Salvador renombra a su amada como Altisidora evocando al personaje cervantino, yo, ya puestos, renombro a Salvador como Manuel Salvador, porque me recuerda muy mucho al autor que lo ha creado. Y claro, mientras leía las andanzas de la Altisidora de Manuel Vilas, no podía evitar imaginarme a la de Juan Cerón, sabiendo que, a su vez, las dos tenían su origen en la imaginación del mismísimo Miguel de Cervantes. Cosas veredes, amigo Sancho.

En todo caso, si queréis disfrutar como yo he hecho de estas modernas Altisidoras, y de sus circunstancias, os recomiendo por un lado visitar la página de Juan cerón y por otro, leer "Los besos" de Manuel Vilas. Ambas acciones os resultarán muy gratificantes, espero. Y seguramente mucho más, si sois gente más cultivada que yo y habéis leído la novela de Cervantes, que sería lo que debería hacer, si tuviera valor, para cerrar así el círculo y conocer por fin en su contexto original a la auténtica Altisidora. Aunque, quién sabe. Quizá todo esto ha sido una señal y aun estoy a tiempo de lavar mi expediente.


domingo, 4 de julio de 2021

El día del libro del universo

El pasado 23 de abril, aprovechando que se empezaba a poder viajar un poco, nos fuimos mi mujer y yo a dar una vuelta por Barbastro, que ya tocaba. Hacía una mañana fresca y soleada  de esas en las que da gusto estar en el mundo.  Y además, estaban los libreros con sus tenderetes por las aceras, lo que aun le daba más lustre al día festivo. 

En medio de ese ambiente nos acercamos a uno de los puestos y saludamos  al propietario. Era una de las tres librerías de toda la vida de mi pueblo, entre las que, por tradición y amistad, procuro distribuir equitativamente mis escasas adquisiciones bibliófilas. Tengo que reconocer aquí que mi naturaleza poco dada al gasto me ha hecho asiduo de las muchas y bien nutridas bibliotecas que hay en Zaragoza. La municipal del barrio del Actur me cae tan cerca que podría visitarla en pantuflas sin llamar demasiado la atención. Al fin y al cabo las bibliotecarias  ya me tienen como de la casa y yo me siento allí como si fuera la mía, aunque todavía no me he atrevido a bajar con el batín de raso. No me extrañaría que en el palacio de Liria, por ejemplo, amén de un entorno menos familiar, hubiera más distancia entre las habitaciones principales y su hermosa, vetusta y sospecho que poco actualizada biblioteca. 

Pero estábamos en Barbastro, conversando con  nuestro amigo el librero y se me ocurrió así de pronto preguntar por el libro ese del universo del que habían estado hablando esa misma mañana en la radio cuando veníamos en el coche:

¿Del universo? No caigo. 
Sí hombre, sí, ese de esta chica de Zaragoza, Irene Vallejo, que ha tenido un montón de premios y...
¡Ah! El infinito, hombre, El infinito en un junco. 


Mira que había oído ese título montones de veces. Pero nada. En fin. Total que me sacó un ejemplar y empecé a ojearlo. Era más gordo de lo que imaginaba. Solo con leer los elogiosos comentarios de J.J. Millás, me quedé convencido. (Cualquier libro que aspire a algo en este país debe llevar unas líneas de Millás en la faja). También puede que me influyera el hecho de que llevaba tiempo sin comprarle ni un boli al hombre. Y quizá también me animó lo que me había dicho antes  mi mujer: -Si se lo pides, lo vas a tener que comprar. Ya lo sabes-. Un día es un día. Así que cerramos el trato  y nos fuimos a tomar un vermú.

Aunque estaba dentro de una bolsa, se notaba que el libro nuevo estaba ahí, apoyado descuidadamente sobre el taburete. Y ese simple hecho le daba un aire mucho más bohemio a la ceremonia del vino y la tapa. Nada que ver. Allí  mismo coincidimos con un colega aficionado como yo a esto de contar historietas y estuvimos hablando sobre nuestros respectivos proyectos en ese ámbito, que por cierto se limitaban a alguna  colaboración en el periódico local y poco más. Pero a pesar de lo modesto de esas perspectivas, con la segunda copa de tinto, el ambiente no era ya solo bohemio, sino abiertamente literario. Lo que hace el vino del Somontano. 

Volvimos a Zaragoza al día siguiente. Yo estaba entonces enfrascado en la lectura de "El camino del tabaco" de Erskine Caldwell, una muy recomendable novela, por cierto, por lo que solo leí el prólogo del "Infinito", reservándomelo para más adelante. Pero cuando pasé por la habitación de mi hijo, que acababa de trajinarse la trilogía de los Pilares de Ken Follet, se me ocurrió la idea de dejarle el libro de Irene Vallejo en la mesilla. A ver qué pasaba. Este tipo de artimañas no  suelen funcionar, la verdad. Pero sin embargo ese día, al cabo de un rato, cuando iba por el pasillo vi encendida la luz del cabecero de su cama y me di la vuelta sonriente y sigiloso, esperando no molestarlo antes de que mordiera bien el anzuelo.  Y vaya si lo mordió. Un éxito.

En estos tiempos, da más gusto ver a un hijo leyendo un libro, que si se lo lee uno mismo. O eso me ocurre a mi. Por eso, cuando veo esa  luz que se escapa por la rendija de la puerta y escucho el susurro de las hojas al pasar, se me pone una sonrisilla bobalicona  y sigo por el pasillo tan feliz como aquél día soleado y fresco.  Aquel día del libro del universo.


Añadido.

Al poco de esto, me topé en mi biblioteca, ya imaginaréis cuál, con un breve libro recopilatorio de artículos de la misma Irene Vallejo titulado El futuro recordado. Me lo llevé a casa pensando que sería un buen anticipo del que compré. Lo leí casi de un tirón. Una maravilla. Cada página, que es lo que ocupa cada uno de los textos, trata sobre un tema de actualidad sobre cuyo fondo, como nos cuenta Irene, dueña de una lucidez y erudición insólitas, ya reflexionaron los clásicos muchos siglos atrás. Se queda uno con ganas de más. Pero no hay problema. Me espera el infinito. 


domingo, 26 de abril de 2020

Cuatro libros que te van a enganchar, incluso estando en caurentena

Lo de ponerse a leer, a leer un libro, me refiero,  requiere su tiempo, pero sobre todo requiere de cierto sosiego de espíritu. Y si de esto último ya no vamos muy sobrados de normal, en estos tiempos de incertidumbre ya ni os cuento.  Y lo del tiempo, otro tanto. Yo creo que en esto nos pasa un poco como a mucha de la gente que se jubila, que se jubilaba, perdón, antes de lo del virus,  que pensaban que eso iba a ser el dolce far niente y de eso nada monada.  Entre las tareas caseras, los nietos, las idas y venidas al centro de salud, a la farmacia, las actividades del club de mayores, etc. etc., estaban más pringados que antes. Pues algo así nos pasa a muchos ahora. Me hace especial gracia, casi diría que me inspiran ternura, por su inocencia, la ingente cantidad de recomendaciones para "no aburrirse" que te llegan a diario desde los medios de comunicación o por las redes sociales: que si el museo del Prado a golpe de clic y en 3D,  que si conciertos en directo, ópera, ballet, teatro... y encima, todo gratis. ¡Pero si no me da tiempo ni a leer las propias recomendaciones! Como para meterme en harina con lo de dentro. Es de locos. Además, muchas de esas actividades programadas suelen ser precisamente a las 18h, justo coincidiendo con mi clase de zumba en streaming. Cachis. En fin. Retomo el hilo, que me disperso.

Bueno, pues como en estas situaciones no vale cualquier libro, si alguien está pensando en leer uno  y no sabe cuál, a continuación recomiendo cuatro que a mi me han gustado especialmente* de los últimos que han caído en mis manos (y que he leído, eso es importante), y un breve comentario personal, no una crítica, sobre cada uno de ellos. Y si alguien se anima con alguno tras leer esto, me alegraré, sobre todo si me lo hace saber. Hala. Ahí va la lista.



En busca del Unicornio, de Juan Eslava Galán

Esta novela corta la encontré hará un par de años en plena calle a dos manzanas de mi casa sobre el respiradero de un garaje. Supongo que alguien la había dejado allí para que la cogiera el primero que se interesara por ella. Estaba medio lloviendo. Me picó la curiosidad, miré la contraportada y me la llevé.  Todavía hoy huele a humedad. Leyéndola se siente uno trasladado al siglo XV, pero no sólo por la historia que cuenta, que es más que entretenida, sino por el lenguaje y las expresiones que utiliza el autor al escribir, que parecen salidas de  la humilde pero florida y graciosa pluma del protagonista, Don Juan de Olid. Una auténtica y singular delicia.



El adversario, de Emmanuel Carrere

Este perturbador libro llegó a mí por el club de lectura de mi mujer, fuente de la que he bebido tragos realmente saciantes, como fue el caso de Stoner o El color de la leche entre otros. Este no te deja indiferente.  Cuenta de una forma muy directa, casi en primera persona, pues el autor tuvo un contacto muy cercano con el protagonista, la escalofriante e increíble historia de Jean Claude Romand, que  hace un año salió en libertad después de 26 años de cárcel por haber asesinado a  sus hijos, su mujer y sus padres. La realidad supera a la ficción. Y este libro es buena muestra de ello, no solo por la historia en sí, que es tremenda,  sino por cómo lo cuenta. Imprescindible.
Por cierto, más tarde vi una película española que se inspiraba en esta historia y que ha mi modo de ver pasó bastante desapercibida. Se titula "La vida de nadie".  Muy recomendable también.



Fin, de David Monteagudo

Encontré esté título en una de esas listas que aparecen en verano.  Sería una calurosa tarde en la que  no sabía muy bien por donde enfocar mi ansia lectora. Y por suerte acerté. Como de costumbre, no era uno de esos títulos que están en primera fila en las librerías. Quizá no sea literariamente exquisito, pero la trama te atrapa desde un primer momento y no te deja respiro hasta el fin. Nunca mejor dicho. Inquietante.



No, mamá, no, de Verity Bargate

Este librito de menos de 200 páginas llegó a mí como el anterior, puede que incluso en la misma lista. No sé cómo presentarlo. Digamos que una mujer joven, casada y madre de dos pequeños, tras tener al segundo, (quizá a causa de la depresión post parto) comienza a ver su vida con tal desencanto y lo cuenta en primera persona de una forma tan descarnada que te deja completamente noqueado desde la primera linea. Imposible dejarlo a mitad. Pequeño pero matón. Muy, muy intenso. 


* A todos los he valorado con un 9 en mi escala personal (y subjetiva, claro). No es una garantía para nadie, pero puede ser un indicio. 

sábado, 23 de noviembre de 2019

Manuel Vilas y Javier Cercas cara a cara


Manuel Vilas vivía hace unos pocos años en el barrio del Actur de Zaragoza. Eramos vecinos. Pero eso fue antes de marcharse a Iowa y de pegar el pelotazo con su libro Ordesa.  

Esta tarde me he pasado por el Carrefour, uno de los centros neurálgicos del barrio, con la intención de comprar una bombilla para la lámpara de noche de la parte izquierda de mi cama, donde duerme mi mujer. Como a los dos nos gusta leer  un rato antes de dormir y  me suelo encargar de estos temas, harto de las bombillas baratas pero poco duraderas de los chinos he decidido comprar una led tipo vintage de las de marca. También son made in china, pero confío en que pasen algún control de calidad porque me han soplado 7,90 euros por la bombillita. Haciendo cálculos necesitaré unos 5 años para amortizar la inversión. En fin, todo sea por el desarrollo sostenible y el ahorro energético. 

El caso es que cuando pasaba por uno de los pasillos del centro comercial rumbo a las cajas con mi bombilla Philips me he topado con un expositor de novedades bibliográficas entre las que destacaban los flamantes ganador y finalista del Planeta de este año: Javier Cercas y Manuel Vilas con sus respectivos libros, "Terra alta" y "Alegría".

Llevan pocos días en las estanterías así que me he acercado a curiosear y echarles un primer vistazo. Como supongo que hace todo el mundo les he dado la vuelta para ver lo que ponía en las traseras y... el texto ha dejado automáticamente de interesarme. Han sido las fotos las que han atraído mi atención:


Javier Cercas y Manuel Vilas, ambos nacidos en 1962, posan de forma muy distinta en las contraportadas de sus libros, ganador y finalista respectivamente, del premio planeta 2019
¿No os  parece que la diferencia en el tipo de imagen elegida de cada uno de los autores es más que notable? No sé quién decide estas cosas, si el propio autor, su representante o la editorial, pero el asunto tiene su importancia. En el caso de Cercas la foto parece casual, tomada de forma improvisada en la puerta de la facultad o un sitio así. Además, le falta contraste. Es una foto gris de un  profesor que mira algo ceñudo a la cámara, obligado por las circunstancias del marketing.

Sin embargo la de Vilas es la foto de estudio de una estrella, con su photoshop y todo. La imagen de un tipo seguro de si mismo que mira a la cámara con ese aplomo que da el tener una cuenta corriente saneada y con perspectivas más que fundadas de ir añadiendo ceros a no mucho tardar. Vamos, que en vez de un libro podría estar vendiendo una colonia de las caras. Quién sabe. Quizá Vilas sea el primer escritor con el suficiente tirón mediático como para hacer bolos en publicidad. Al tiempo.

Podrá parecer algo superficial este primer acercamiento a los premios planeta de este año, pero, qué queréis, para no haberlos leído todavía...

Aunque en mi defensa diré que tengo algunas referencias. De Vilas he leído y tengo en mi estantería casi todos sus libros de narrativa, desde "Dos años felices", que por algún motivo no suele aparecer en las listas pero que a mi me parece uno sus libros más interesantes, hasta Ordesa que fue, bueno, como ese diario íntimo que muchos hubiéramos querido escribir si no fuera porque nunca tuvimos ni las ganas ni el valor ni el talento necesarios para hacerlo.

De Javier Cercas confieso que no había leído nada hasta lo del premio. Así que para ponerme en situación tras la noticia me agencié dos de sus novelas cortas (siempre elijo si es posible este formato en autores que no conozco, por si acaso). "El móvil" me gustó a medias, posiblemente influenciado por la película "El autor", basada en la novela, que no me entusiasmó demasiado cuando la vi en su día. Sin embargo "El inquilino"  sí me enganchó desde el primer momento, lo que me hace tener buenas expectativas de cara al resto de su obra y  a su premiada "Terra Alta" en particular.

De todas formas estoy seguro de que van a ser de los libros más  regalados e incluso leídos estas navidades. Y yo no seré una excepción puede que en las dos modalidades. Quizá porque, aparte de que no escriben nada mal,  los dos autores nacieron el mismo año que yo, y eso quieras que no une.  Y encima Vilas fue compañero mío de clase de los 6 a los 18 años. Cómo no voy a leerlos.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Este blog y las fugas de James Rhodes

Este blog necesita un empujón. Eso está claro. El pobre está bastante abandonado. Desde hace un par de años la cosa va de capa caída. Y lo que me sorprende es que a pesar de esta absoluta dejadez por mi parte sigue recibiendo unas 700 visitas al mes. O sea, que hay unas cuantas  personas que cada día dedican unos minutos a leer alguna de las historias que cuento aquí. Increíble.

Ya sé que setecientos, en este agujero negro de las redes sociales en el que estamos atrapados, es poco menos que nada. Pero para  mi, saber que todos los días hay un grupito de gente que al menos ojea alguno de mis artículos es un pequeño chute de vanidad que, quieras que no, siempre ayuda. Y más a alguien como yo. Y aun me parece más alucinante esto de tener lectores a diario, sabiendo que debe de haber miles, millones de libros de todo tipo y  toda época mucho más interesantes que mis insignificantes escritos cogiendo polvo en bibliotecas de todo el mundo (incluidas las que tenemos en casa) sin ser leídos por nadie desde hace años. Cosas del interné.

Hablando de libros. Ayer empecé a leer el segundo libro de James Rhodes: Fugas. Desde que leí "Instrumental", posiblemente una de las autobiografías más crudas jamás escrita, quedé completamente subyugado por este tipo y su forma de contarnos su atormentada vida.  De hecho tras tener noticia de su segundo libro  Toca el piano: interpreta a Bach en seis semanas, (si, ya se que antes he dicho  segundo libro, pero me refería a libros de leer, no a los didácticos) me dio por intentarlo pero con la guitarra. Y lo conseguí. Dentro de mis limitaciones. Y con guitarra en vez de piano. Pero da igual. Me lo he pasado bomba repitiendo ese preludio cientos de veces. Aunque me da que mi familia no ha disfrutado tanto cómo yo. Qué se le va a hacer.

Si no habéis leído este libro, dejad lo que tengáis entre manos, especialmente si es el último tocho de Paul Auster, y corred a haceros con un ejemplar en la librería o biblioteca más próxima. Pero ya.

Bueno. A lo que iba: Fugas, el segundo libro de Rhodes. ¿Quién en su sano juicio se resiste a leer un libro que inicia cada capítulo traduciendo a la realidad del autor, y posiblemente a la de la mayoría de la gente, algunas de esas bucólicas máximas que nos ofrecen los libros de auto-ayuda? Aquí va como ejemplo la que precede al primer capítulo: 

Primera máxima:

"El universo me sostiene, me nutre y me protege.
La paz y el amor entran y salen de mí
en una armonía perfecta."

TRADUCCIÓN

"SOY UN PUTO MAMARRACHO PARANOICO,
RABIOSO Y MALHUMORADO, Y ESA RABIA
ME HACE SEGUIR VIVO. QUE TE DEN"


Si queréis un poco más aquí tenéis las cuatro primeras páginas. Es la primera vez que me atrevo a recomendar un libro sin apenas haberlo empezado. Pero con Rhodes me la juego. 

Otro aliciente de los libros de Rhodes, tanto "Instrumental" como este último, es que cada capítulo lleva aparejada una breve presentación  de una pieza de música clásica  que el autor recomienda como acompañamiento ala lectura. Se puede encontrar la lista en Spotify y sitios así.

Otra cosa ya aparte. Por si alguien ha leído mi entrada anterior, que era de mayo, decir que me recuperé al poco y sigo corriendo habitualmente. A mi trote, claro. Pero sigo. Que no es poco.

Por último, si alguien tiene curiosidad por oír la pieza de JS Bach en mi versión a la guitarra acústica puede hacerlo aquí:

 https://youtu.be/Rjt8LGzy4fQ  (también en mi canal de Youtube:  ram6n sanchez)


jueves, 8 de agosto de 2013

Lecturas veraniegas

En estas fechas es habitual encontrarse en cualquier periódico o revista  con una lista más o menos extensa de libros recomendados para el verano. Esta lista varía mucho dependiendo del destinatario natural de cada publicación, pero me da la impresión de que en muchos casos los que las redactan ni siquiera se han leído los libros que en ellas aparecen. Se limitan a transcribir textualmente las reseñas de las contraportadas. Además seguro que detrás de más de una de estas listas hay intereses editoriales que poco tienen que ver con el espíritu veraniego y desinteresado que sugieren las fotos de playas y sombrillas que suelen acompañar al texto.

A mi lo de leer en la playa es algo que no me va. Prefiero mil veces el frescor de una alcoba en penumbra a la hora de la siesta.
Pues aquí va mi lista, la de un lector de a pie que sólo lee libros por placer, y si me apuran  por ese nebuloso afán de culturizarse que todo el que ha sentido alguna vez curiosidad por algo lleva grabado en los genes. Esto último, ya digo, como efecto colateral si se da el caso.

Como se verá, si es que alguien lee esto, no se trata estrictamente de una lista de recomendaciones, si no mas bien de una serie de libros que  he leído  en lo que va de verano (y parte de la primavera), mi opinión sobre ellos y las azarosas circunstancias por las que fueron a caer en mis manos. 


La sombra del Meridiano, de Lorenzo Silva

Este libro me lo regaló mi mujer para el día del padre: decepcionante totalmente: No como regalo si no como libro. No se si después de haber leído y disfrutado de toda la saga de la singular pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro esperaba algo más, o es que el bueno de Lorenzo Silva se está repitiendo. El asunto es que tanto la vulgar y manida trama como las alambicadas conversaciones y reflexiones de los protagonistas, que en su día me parecieron la mar de originales e inteligentes, no me provocaron esta vez mas que hastío y sopor. Premio planeta 2012. 


El luminoso regalo, de Manuel Vilas

De este libro ya hablé en su día en este blog, pero me resulta muy difícil hacer una valoración sobre él. En primer lugar porque Manolo es amigo mío. No un amigo íntimo, pero tampoco un conocido sin más. Mantenemos una buena relación, aunque esporádica, después de años de estar juntos en colegios y demás instituciones académicas. Últimamente hemos conectado a través del facebook, lo que le ha llevado  a leer alguno de mis textos e incluso a elogiar mi forma de escribir. Esto, viniendo de un escritor consagrado como él, y aun descontando el efecto "amiguete", me ha elevado el ego hasta cotas insospechadas. Pero es que Manolo, y aquí radica la segunda razón de mi dificultad para valorar esta novela, es un escritor con un talento extraordinario. Tan fuera de lo común es lo suyo que muchos entendidos lo comparan con escritores de culto de la talla de Joyce, Faulkner o Bolaño. Y ese es precisamente mi problema. Que nunca he podido leer un solo libro de estos autores. Y lo he intentado. No se si es falta de sensibilidad, o un bagaje literario escaso y mal seleccionado, o ambas cosas. El caso es que algo parecido es lo que me pasa con las novelas de Manolo. Y eso que esta última me la he leído entera.  Por suerte, incluso los que no pertenecemos a ese selecto club de lectores que tienen en su mesilla libros de los autores citados, o de Borges, o de Proust, podemos disfrutar sin problemas de los excelentes artículos que Manuel escribe habitualmente en el ABC, por ejemplo, o de sus personales, lúcidos  y siempre libérrimos comentarios con que nos regala casi a diario en su muro del facebook. Una novela compleja de un escritor excepcional.


Stoner, de John Williams

El tipo de letra con la que he escrito el título de esta magnífica novela no es casualidad. Es sencillamente uno de los mejores libros  que he leído en mi vida. Y es que tras lo simple de la historia que cuenta, la anodina vida de un  profesor de universidad a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se esconde la esencia misma de la gran literatura, la que conmueve en lo mas hondo y le deja a uno un recuerdo indeleble. Me topé con esta obra maestra por recomendación de mi mujer, a la que se la prescribieron en un club de lectura. Imprescindible!


La cena, de Herman Koch

Esta la vi en el expositor de recomendaciones de la biblioteca municipal. Me llamó la atención lo simple del título y la lectura de la contraportada me decidió a llevármela a casa. Lo que empezó con una frescura y una brillantez esperanzadoras acabó desinflándose poco a poco hasta consumar un fiasco. No la recomiendo.

El grito de la lechuza, de Patricia Highsmith

Esta pequeña joya la encontré semioculta en la estantería de mi casa y no tengo ni idea de como fue a parar allí. Como no tenía otra cosa a mano la empecé a leer con  pocas expectativas, la verdad - una novela de suspense más - pensé. Mi sorpresa fue mayúscula y mi regocijo mayor cuando a las pocas páginas me vi envuelto en una trama tan original y emocionante que me enganchó sin escapatoria posible. Y es que el pulso narrativo, la tensión y la maestría en la caracterización de personajes son una combinación difícil de encontrar. Y nunca pasan de moda. Recomendable 100%

El zen del correr, de Fred Rohé

Más que un libro es un pequeño compendio de reflexiones con cierto trasfondo de espiritualidad sobre el asunto de la corrienda. Me lo prestó mi amigo Felix, compañero de trabajo y aficiones varias. Aunque está descatalogado desde hace años, puede encontrarse en internet.  No está mal. 


Un paseo con mi princesa, de Néstor Coscojuela

Este pequeño libro, del que ya he hablado aquí, me lo prestó mi amigo Pepe. Es una recopilación algo heterogénea de textos y poemas que el autor dejó escritos y que se publicaron a título póstumo. Hay algunos pasajes y pensamientos bastante impactantes, como por ejemplo: Nuestro destino es eterno, pero solo es eterno el olvido. Es por lo tanto el único destino posible. Curioso para cualquier lector y emotivo además para los que conocimos a Néstor.


Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

A esta célebre novela, de la que por supuesto había oído hablar pero en la que no había reparado hasta hace unas semanas, llegué gracias a El luminoso regalo, de Manuel Vilas, en cuyas páginas se hacen continuas referencias tanto a los personajes como a la propia novela. Me la he acabado esta mañana entre sobrecogido y maravillado ante la historia mas perturbadora sobre la naturaleza humana que quizá haya leído nunca. Un clásico de obligada lectura.


Esto es todo de momento.


viernes, 31 de mayo de 2013

Cosas que no he escrito

No alimento este blog con la asiduidad que sería conveniente. Y no es que la cabeza me deje de dar vueltas. Es que las circunstancias cotidianas se ocupan de tenerle a uno entretenido, o preocupado, o angustiado, o simplemente distraído con las mil y una cosas que conforman esto tan interesante que llamamos vivir.

Pero aun en medio de ese ajetreo diario, hay momentos en que me paro y pienso que estaría bien escribir algo sobre tal o cual asunto. Y es entonces cuando empiezo a pergeñar la idea que luego no siempre llega a consumarse en forma de entrada en este pequeño blog. Una pena. Pero como una vez que tengo  esbozado el asunto lo primero que hago es buscar un título adecuado, pues puedo, hoy que tengo tiempo, presentar someramente algunas de esas entradas non natas que me han rondado por la mollera últimamente. Quizá en algún momento retome alguna de ellas más a fondo. Quién sabe.

Un tranvía llamado Z

El tranvía de Zaragoza genera encontradas opiniones respecto de su idoneidad, coste, trazado, etc. A mi me parece un acierto total. Y no solo por el tranvía en sí, sino, como sucedió con la Expo 2008, por todo lo que lleva aparejado. El tranvía es también una vía verde que cruza Zaragoza de norte a sur.

Vía verde por la que circula el tranvía delante de mi casa. Ahora puedo ir al trabajo en bici  sin salirme del carril correspondiente. Un privilegio. Lo recononzco. 


El inusitado auge de la corrienda

Donde hablo de la creciente afición por esto del correr y sus posibles causas, etc. Como ya he comentado estos temas en varias entradas anteriores, que recopilo en la página "Hablando de correr", pues tampoco es que se trate de una gran novedad. Pero el título me parece una pena que se pierda. Así que aquí queda escrito. Por lo menos hasta que llegue el día del "Gran Apagón".

El Gran Apagón

Esta se me acaba de ocurrir ahora mismo. Pero seguro que la retomo, pues es una idea que barrunto hace tiempo. El asunto es que, tarde o temprano llegará un día en que todo este tinglado del internet, google, los móviles, el agua caliente, la luz eléctrica, etc, desaparecerá y ...

París bien vale una entrada

Aquí iba a contar mis impresiones de un fugaz viaje a la capital de la France que hice hace poco. Con las fotos que subí al facebook puede ser suficiente.


El corredor fantasma. 2ª parte

En esta iba a desvelar quien era el corredor fantasma del que hablé en su momento. Pensé que estaba claro, pero por los comentarios recibidos, parece ser que no todos lo vieron así. Mejor dejarlo como está en cualquier caso.

Si uno va en bici al trabajo y esta todo el día corriendo de aquí para allá, ¿es un duathleta?

Una tontería que no creo que merezca mayor desarrollo.



Bueno. Esto es todo de momento. Hasta la próxima.

jueves, 18 de abril de 2013

El luminoso regalo de los 51

Pues sí. Ya hace un año desde que, con ocasión de mi 50 aniversario,  me planteaba la penosa disyuntiva de  decidirme entre  un Ipad o una guitarra como regalo. Hoy estoy más que satisfecho de haber elegido la guitarra. Aunque quizá mi familia no pensará lo mismo. El caso es que me han caído los 51, y siendo un número tan poco singular, y después del exceso de la cincuentena, la ocasión no requería de mayores agasajos.

Se dio la circunstancia de que el martes de la segunda semana de abril un antiguo compañero de colegio, de instituto y de residencia universitaria presentaba un libro en la FNAC. Hasta ahí todo normal. El problema era que los dos últimos libros suyos que había comprado los tuve que dejar sin acabar de leer. Y no soy de los que compran libros por comprar. Aunque me cueste, procuro amortizar la inversión a toda costa. Pero como digo, con esos dos no pude. Imposible.

Tapa de la última novela de Manolo Vilas.

A pesar de esos antecedentes, algunas críticas sobre su última novela que hablaban de un giro en su obra, la buena tarde que hacía y que me encontrara casualmente por el centro,  hicieron que me decidiera. Para hacer hora me metí en el Palacio de Sástago, justo en frente de la FNAC, más con la esperanza de encontrar unos servicios donde aliviar mi vejiga que de culturizarme con lo que allí se exponía. Y mira por donde que aparte de no encontrar un WC por ningún lado, me topé con la  monumental y para mi desconocida obra pictórica de Cristóbal Toral. Me quedé anonadado. Ya con aquella sorpresa inesperada tenía amortizada la tarde. Salí del palacio culturalmente satisfecho, pero con una necesidad ya perentoria de ir al lavabo. Me asomé a una heladería smooy y vi el ansiado pictograma al fondo del establecimiento. Salí de allí tan exultante como de mi visita al Palacio.

El acto estaba previsto para las 21h. Me presenté unos minutos antes y me acomodé en la última fila de la sala cerca de la puerta. Un sitio discreto por si se complicaba la cosa. Hice bien en llegar pronto por que al cuarto de hora  todavía no había empezado el asunto y al fondo se acumulaba gente de pie. Al poco vi entrar a María Ángeles, la mujer de Manolo y estuvimos departiendo un poco. Estaba muy guapa y así se lo hice saber. Llegaron por fin los oficiantes y empezó el cotarro. Todo fue muy en la línea que esperaba: alta literatura para literatos. No era mi hábitat natural, estaba claro, pero al margen de ciertas  referencias que no entendí, el acto estuvo entretenido y consiguió que me picara la curiosidad por el libro. Al final me encontré con otro antiguo compañero de residencia, Jimmy, al que no veía desde hacía décadas y que me dijo andaba por Berlín. Me alegró verlo.

Total que, aunque no era mi intención primera, animado por el ambientillo y ante las promesas del propio autor de que este sí me iba a gustar, acabé comprando el libro dedicado con un "...que disfrutes del luminoso regalo...".  Espero que así sea, porque cuando llegué a casa mi mujer y yo convinimos en que ese podía ser mi regalo de cumpleaños. Cuando lo lea, y espero hacerlo pronto, contaré si  he acertado este año como lo hice el año pasado. Y si no es así, te lo haré saber Manolo.

martes, 26 de febrero de 2013

Balneario

Esta mañana he viajado hasta el balneario de Panticosa. A 10º bajo cero la nieve y el silencio lo cubrían todo.


Más de una semana han estado incomunicados trabajadores y clientes en este lugar a raíz de las últimas nevadas.  


El lago helado cubierto de nieve. Algún intrépido se ha aventurado a caminar por encima. No me he acercado a ver si entre las pisadas del centro había una zona quebrada y alguien debajo del hielo mirando con los ojos muy abiertos.

Aún se conservan parte de la construcciones originales de la época de esplendor del Balneario, como casa Bello .
He visitado este impresionante lugar unas cuantas veces y siempre me he sentido sobrecogido por  una sensación de paz, de aislamiento, provocada sin duda por lo recóndito del enclave rodeado de imponentes cumbres que apenas dejan ver el sol.

Curiosamente, la misma sensación  se respira al leer la novela cuya cubierta reproduzco a continuación y que por puro azar cayó en mis manos hace unos cuantos años. A pesar de  lo vetusto de la edición original de 1954 y del olor a moho del ejemplar, me picó la curiosidad ver que se trataba de una historia ambientada en el balneario de Panticosa.

Un libro que transporta al lector a lo que debió ser una estancia en el balneario en los años 50. Puro relax. 

Ramón Salanova escribió esta curiosa novela que discurre íntegramente en el balneario de Panticosa.