No es la primera vez que me pasa. Un día tienes noticia de un personaje, un lugar, o lo que sea, del que no habías oído hablar en tu vida y al poco resulta que te lo encuentras hasta en la sopa. Pues esto es lo que me pasó, más o menos, con la bella Altisidora, personaje femenino que aparece, según cuentan, en la segunda parte del Quijote. Obra de la que, por si no ha quedado claro, confieso que no he leído más allá de los pasajes más conocidos en mi época de estudiante. Y eso que he intentando atacarla en varias ocasiones. Pero nada. Tendré que vivir con esa mancha en mi currículum.
El asunto es que este verano, de vacaciones y totalmente despreocupado por mis carencias lectoras, coincidió que estaba por Barbastro los días en los que se celebraba el festival de fotografía emergente BFOTO. Así que, para un año que podía, me involucré un poco en alguna de las actividades que se organizaban. En ese momento, a finales de agosto, con la vacunación viento en popa, dábamos por sentado que lo de la pandemia, el gel y la mascarilla, estaba prácticamente superado. Y ya lo veis. Aquí estamos, con el virus más envalentonado que nunca. Pero bueno, ese es otro tema. El caso es que una de aquellas cálidas noches cenamos al aire libre en San Ramón del Monte. Me tocó sentarme justo en frente de Juan Cerón, fotógrafo que presentaba uno de los trabajos más interesantes, "Anaqronías", que consistía en una serie de fotografías en gran formato con un estilo pictórico clásico muy cuidado. En todas ellas el autor había introducido algún elemento actual, lo que convertía un trabajo, de por sí bello y técnicamente impecable, en algo mucho más impactante.
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En cada una de las fotos Juan nos muestra su particular interpretación de un personaje femenino secundario del Quijote. Y así es como conocí y caí rendido ante los encantos de "su" Altisidora. Después de la cena, mientras el resto del personal se quedaba un rato más, bajamos caminando tranquilamente hasta el pueblo Juan y yo. Hacía una noche magnífica. Por el camino fuimos hablando de una cosa y de otra y también de cómo se había organizado para hacer aquellas fotos que, evidentemente, llevaban detrás un importante trabajo de producción; modelos, vestuarios de época, iluminación,... En fin. Un paseo de la más agradable y enriquecedor.
Hasta aquí, todo normal. Lo curioso es que, ya de vuelta en Zaragoza, a primeros de septiembre, vuelvo a oír hablar de Altisidora. Y me entero de que es así, precisamente con ese singular nombre, Altisidora, con el que Manuel Salvador, el protagonista de "Los besos" de Manuel Vilas, llama a Montserrat, su compañera de viaje en el libro. Y le da ese nombre solo cuando la ve a través de los ojos del amor y la pasión, volviendo al original el resto del tiempo. Quizá alguien se pregunte por qué lo llamo "Manuel Salvador" cuando en el libro se llama solo Salvador. Pues porque después de leerlo, así como Salvador renombra a su amada como Altisidora evocando al personaje cervantino, yo, ya puestos, renombro a Salvador como Manuel Salvador, porque me recuerda muy mucho al autor que lo ha creado. Y claro, mientras leía las andanzas de la Altisidora de Manuel Vilas, no podía evitar imaginarme a la de Juan Cerón, sabiendo que, a su vez, las dos tenían su origen en la imaginación del mismísimo Miguel de Cervantes. Cosas veredes, amigo Sancho.
En todo caso, si queréis disfrutar como yo he hecho de estas modernas Altisidoras, y de sus circunstancias, os recomiendo por un lado visitar la página de Juan cerón y por otro, leer "Los besos" de Manuel Vilas. Ambas acciones os resultarán muy gratificantes, espero. Y seguramente mucho más, si sois gente más cultivada que yo y habéis leído la novela de Cervantes, que sería lo que debería hacer, si tuviera valor, para cerrar así el círculo y conocer por fin en su contexto original a la auténtica Altisidora. Aunque, quién sabe. Quizá todo esto ha sido una señal y aun estoy a tiempo de lavar mi expediente.