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domingo, 12 de febrero de 2023

El jilguero y el Kindle

Hace ocho años una buena amiga de mi mujer le regaló este libro acompañado de una cariñosa nota manuscrita (por la que he sabido lo de los años). En ese tiempo, ambos, mi mujer y yo, hemos hecho algún intento de abordar la lectura de esta monumental novela, pero para enfrentarse a un tocho de casi 1200 páginas, hay que tenerlo muy claro. Y como siempre había  otras lecturas más ligeras a mano, no veíamos el momento de atacarlo. No obstante, en su defensa (del libro), tengo que decir que durante todos estos años ha mantenido intacta su dignidad: nunca abandonó su posición de privilegio sobre la mesilla de noche, eso sí, la de la casa del pueblo. Y como la perseverancia lo puede casi todo, al final, esta pasada Navidad le llegó su turno.

Después de volver a encontrarme por ahí con alguna elogiosa referencia a esta obra y aprovechando que tenía unos días de vacaciones pensé que sería una buena ocasión para enfrascarme en su lectura. Y así fue. La novela narra en  primera persona el tortuoso tránsito de la niñez a la edad adulta de un chico corriente que pierde a su madre en un dramático suceso que marcará toda su vida. Esto que podría parecer así una historia mas o menos convencional, se convierte en una  lectura apasionante gracias a las peculiares circunstancias que envolvieron aquel trágico incidente y a la magistral y cercana forma de narrar que tiene Theo, el protagonista por obra y gracia de la autora, claro—,  que hace que empaticemos inmediatamente con él y no tengamos gozosamente  mas remedio que acompañarlo hasta el final. 

El único problema que le encontré al libro era su volumen y su peso. Una cuestión ajena a su contenido pero que me hacía entre algo y bastante incómoda su lectura. Y es que para uno que está acostumbrado a leer en posturas más bien yacentes en el sofá o en la cama, tener un peso de casi kilo y medio apoyado en el esternón o, casi peor, sujeto en el aire con una o con las dos manos, resulta al cabo de un rato bastante engorroso, la verdad. Y es aquí donde la pura suerte vino a hacerse cargo del asunto de la forma más providencial, como sucede solo muy de vez en cuando.

En papel o en ebook. Un pedazo de libro.

Nunca nos habíamos interesado en casa por los lectores de ebooks, los llamados eReaders. Para qué más cacharros electrónicos habiendo libros de papel. Pero mira tú por dónde que justo en esos días previos a la Navidad, ya enganchado y un poco magullado— con "El jilguero". O sea que me vino como caído del cielo. Qué cosa más ligera y práctica. Y además se puede leer con la luz apagada sin molestar a nadie con la suave retroiluminación que incorpora. Una maravilla. 

Aunque cada vez que paso por la estantería y veo el ejemplar de papel, allí, anónimo, uno más entre  otros muchos libros que sí tuvieron la dicha de ser leídos página a página... Él que estuvo tantos años  junto a nuestra cama, como un perro fiel, esperando paciente nuestra atención. ¡Maldita sea!  Cuando lo veo allí, tengo que apartar la mirada. 


lunes, 18 de abril de 2022

Compartimento nº 6

Es curioso, pero en poco más de un mes he visto en sala grande tres películas que probablemente no me habrían llamado la atención en condiciones, digamos, normales. La primera fue Licorice pizza, de la que ya hablé aquí en su día. Al poco fui a ver La peor persona del mundo, que también me encantó y de la que hice una pequeña reseña en mi facebook. Por último, hace una semana, me senté delante de la más improbable de todas, Compartimento nº 6: una cinta finlandesa en versión original (en ruso) subtitulada en español. Entendéis ahora lo de improbable, ¿no? Pero a uno que es así de rata, la simple palabra gratis, puede ayudarle a superar casi cualquier prejuicio en cuanto a gustos cinematográficos. 

Las dos invitaciones al preestreno de la película le habían tocado por sorteo a un amigo que estaba de viaje ese día y no podía aprovecharlas. Así que a las 8 de la tarde estaba en el Aragonia como un clavo. Estábamos, porque, y esto fue casi más sorprendente a la vez que un incentivo extra,  me acompañó mi hijo pequeño, tampoco muy habitual de estas sesiones "para cinéfilos".  Pues bien. No voy a darle más intriga a esto:  la película nos gustó mucho a los dos. Podría esgrimir varias razones para este veredicto unánime: la forma de rodar los primeros planos, en los que el fondo se difumina casi hasta desaparecer,  el ambiente opresivo y frío de ese viaje en tren por el norte de Rusia, la veracidad que transmiten los desconocidos protagonistas, la trama en sí... Todo esto contribuye a que esta sea una película muy interesante. Pero es que, además, tiene el don de poner de manifiesto de una forma y en un ámbito muy oportunos, uno de los mayores males de la humanidad desde el origen de los tiempos: el de los prejuicios.

Aparte de mi recomendación, el Gran Premio del Jurado de Cannes y  otros premios avalan esta película.


Y lo difícil que es librarse de esta lacra. Veréis.  Unos días antes iba yo en el tranvía rumbo a una sesión de ensayo con mi coro. Preparábamos una conocida y hermosa canción en favor de la paz en el mundo. Repasando aquellas estrofas tan llenas de amor me encontraba yo cuando vi entrar a un chaval con pintas un poco extrañas, para mis rancios gustos, claro: chándal varias tallas más grande de lo necesario, capucha puesta y una lata abierta de Monster en la mano de la que daba sorbos cada poco rato. «Vaya, no se habrá enterado este de que no se puede comer ni beber en el transporte público —pensé inmediatamente torciendo el morro— ¡Qué paciencia hay que tener». Para colmo el tío se despatarró en el asiento individual que tenía justo frente a mi al otro lado del pasillo. «Lo que faltaba, como si estuviera en su casa». Así fue llenándose el tranvía mientras yo seguía ensimismado refunfuñando para mis adentros. En un momento dado veo que el chico se levanta y le cede el sitio a una señora mayor que acababa de entrar y a la que yo no había prestado atención, absorto como estaba en mis cosas. Fue un zasca en toda la boca con la mano abierta. Como la bofetada de Will Smith, pero con motivos.

Pues bueno, en esta película se habla de esto mismo pero con mayor gracia y profundidad. O sea que si encontráis a mano alguna sala donde la echen, que no será muy fácil, id a verla. Si no, siempre os quedará la 2, donde la pondrán seguramente en unos meses.

viernes, 11 de febrero de 2022

Licorice pizza: vuelve la magia

Lo que son las cosas. Últimamente casi no voy al cine. Entre la pandemia, los netflix,  lo que han crecido las pantallas de televisión desde que éramos críos y lo calentito que se está en casa estos días, mucho me tiene que llamar la atención una película para convencerme de que vale la pena gastarme lo que cuestan las entradas y desplazarme hasta la sala de proyección.

Pero... a veces suceden cosas imprevistas que te rompen los esquemas. Como me pasó el domingo pasado, por ejemplo. Era esa hora en la que intentas sobreponerte al abotargante efecto de una siesta demasiado larga cuando sonó el móvil. Me debió de pillar en algún punto entre el sofá y la nevera y como mi sistema de orientación todavía estaba intentando reiniciarse, cuando encontré el aparato entre los pliegues de mi mantita aun caliente ya habían colgado. 

Era uno de los pocos amigos que todavía me llaman de vez en cuando, aunque no necesiten nada. O sea que  devolví la llamada inmediatamente. En resumen, que a falta de media hora para que empezara la película en el Palafox, de los cuatro que iban al preestreno en versión original subtitulada de "Licorice Pizza", habían tenido una baja y que si me apetecía ir.  Un título tan raro, Licorice Pizza, para una película de la que no había oído hablar era poco prometedor, la verdad. Y lo de la V.O., qué pereza,  siempre me ha parecido un capricho de los que se las dan de cinéfilos intelectuales para marcar distancia con el resto del personal. Pero el caso es que, a pesar de que en casa no había mal plan, un chocolate con churros a media tarde, me pareció descortés decir que no. Así que me remojé un poco la cara para espabilarme, me vestí y me tiré a la calle. 

Iba muy justo de tiempo. Veinte minutos escasos. Dudé si sería mejor subir en tranvía o en bici de las públicas, pero como los domingos la frecuencia del transporte urbano baja mucho, opté por darle al pedal. Creo que batí el récord de cronoescalada Carrefour Actur- Plaza de España: a menos cinco, algo sofocado, eso sí, pero ya completamente despierto, estaba en las escaleras del cine.

Los protagonistas de Licorice Pizza.

Y aquí es donde debería contaros cómo es posible que una historia romanticona entre una veinteañera que aparentemente no tiene nada especial y un quinceañero con la cara llena de acné al que le aprietan los pantalones  me mantuviera hipnotizado durante más de dos horas. Como cuando vi la primera de Indiana Jones siendo todavía un adolescente. No sé cómo explicarlo. Son muchos los factores y hay montones de excelentes críticas que podéis leer por ahí que analizan en detalle los aciertos de esta obra maestra; que si la excelente ambientación, la estupenda banda sonora, el ritmo, los planos, los secundarios de lujo, el guion brillante, etc., etc. Pero, en mi opinión, lo que hace de este film algo realmente sublime es la química que hay entre los dos protagonistas, un chisporroteo que traspasa la pantalla y te atrapa desde la primera escena arrastrándote con ellos en una montaña rusa emocional hacia un final  deslumbrante. Y qué decir de la protagonista, interpretada por una hasta ahora desconocida Alana Haim, dotada de un encanto tan especial que es imposible no enamorarse de ella desde el primer fotograma. 

Lo que son las cosas. Quién me iba a decir, tan solo unas horas atrás, que iba a volver a creer en la magia del cine, y en pantalla grande. Y todo gracias a Licorice Pizza.  Y a un buen amigo, claro.





jueves, 13 de enero de 2022

Altisidora, Altisidora

No es la primera vez que me pasa. Un día tienes noticia de un  personaje, un lugar, o lo que sea, del que no habías oído hablar en tu vida y al poco resulta que te lo encuentras hasta en la sopa.  Pues esto es lo que  me pasó, más o menos, con la bella Altisidora, personaje femenino que aparece, según cuentan, en la segunda parte del Quijote. Obra de la que, por si no ha quedado claro, confieso que no he leído más allá de los pasajes más conocidos en mi época de estudiante. Y eso que he intentando atacarla en varias ocasiones. Pero nada. Tendré que vivir con esa mancha en mi currículum. 

El asunto es que este verano, de vacaciones y totalmente despreocupado por mis carencias lectoras, coincidió que estaba por Barbastro los días en los que se celebraba el festival de fotografía emergente BFOTO. Así que, para un año que podía, me involucré un poco en alguna de las actividades que se organizaban. En ese momento, a finales de agosto, con la vacunación viento en popa, dábamos por sentado que lo de la pandemia, el gel y la mascarilla, estaba prácticamente superado. Y ya lo veis. Aquí estamos, con el virus más envalentonado que nunca. Pero bueno, ese es otro tema. El caso es que una de aquellas cálidas noches cenamos al aire libre en San Ramón del Monte. Me tocó sentarme justo en frente de Juan Cerón, fotógrafo que presentaba uno de los trabajos más interesantes, "Anaqronías", que consistía en una serie de fotografías en gran formato con un estilo pictórico clásico muy cuidado. En todas ellas el autor había introducido algún elemento actual, lo que convertía un trabajo, de por sí bello y  técnicamente impecable, en algo mucho más impactante. 


La bella Altisidora. Fotografía de Juan Cerón. (Perteneciente a la serie titulada Anaqronías)

En cada una de las fotos Juan nos muestra su particular interpretación de un personaje femenino secundario del Quijote. Y así es como conocí y caí rendido ante los encantos de "su" Altisidora. Después de la cena, mientras el resto del personal se quedaba un rato más, bajamos caminando tranquilamente hasta el pueblo Juan y yo. Hacía una noche magnífica. Por el camino fuimos hablando de una cosa y de otra y también de cómo se había organizado para hacer aquellas fotos que, evidentemente, llevaban detrás un importante trabajo de producción; modelos, vestuarios de época, iluminación,... En fin. Un paseo de la más agradable y enriquecedor.

Hasta aquí, todo normal. Lo curioso es que, ya de vuelta en Zaragoza, a primeros de septiembre, vuelvo a oír hablar de Altisidora. Y me entero de que es así, precisamente con ese singular nombre, Altisidora,  con el que Manuel Salvador, el protagonista de "Los besos" de Manuel Vilas, llama a Montserrat, su compañera de viaje en el libro. Y le da ese nombre solo cuando la ve a través de los ojos del amor y la pasión, volviendo al original el resto del tiempo. Quizá alguien se pregunte por qué lo llamo "Manuel Salvador" cuando en el libro se llama solo Salvador. Pues porque después de leerlo, así como Salvador renombra a su amada como Altisidora evocando al personaje cervantino, yo, ya puestos, renombro a Salvador como Manuel Salvador, porque me recuerda muy mucho al autor que lo ha creado. Y claro, mientras leía las andanzas de la Altisidora de Manuel Vilas, no podía evitar imaginarme a la de Juan Cerón, sabiendo que, a su vez, las dos tenían su origen en la imaginación del mismísimo Miguel de Cervantes. Cosas veredes, amigo Sancho.

En todo caso, si queréis disfrutar como yo he hecho de estas modernas Altisidoras, y de sus circunstancias, os recomiendo por un lado visitar la página de Juan cerón y por otro, leer "Los besos" de Manuel Vilas. Ambas acciones os resultarán muy gratificantes, espero. Y seguramente mucho más, si sois gente más cultivada que yo y habéis leído la novela de Cervantes, que sería lo que debería hacer, si tuviera valor, para cerrar así el círculo y conocer por fin en su contexto original a la auténtica Altisidora. Aunque, quién sabe. Quizá todo esto ha sido una señal y aun estoy a tiempo de lavar mi expediente.


domingo, 26 de abril de 2020

Cuatro libros que te van a enganchar, incluso estando en caurentena

Lo de ponerse a leer, a leer un libro, me refiero,  requiere su tiempo, pero sobre todo requiere de cierto sosiego de espíritu. Y si de esto último ya no vamos muy sobrados de normal, en estos tiempos de incertidumbre ya ni os cuento.  Y lo del tiempo, otro tanto. Yo creo que en esto nos pasa un poco como a mucha de la gente que se jubila, que se jubilaba, perdón, antes de lo del virus,  que pensaban que eso iba a ser el dolce far niente y de eso nada monada.  Entre las tareas caseras, los nietos, las idas y venidas al centro de salud, a la farmacia, las actividades del club de mayores, etc. etc., estaban más pringados que antes. Pues algo así nos pasa a muchos ahora. Me hace especial gracia, casi diría que me inspiran ternura, por su inocencia, la ingente cantidad de recomendaciones para "no aburrirse" que te llegan a diario desde los medios de comunicación o por las redes sociales: que si el museo del Prado a golpe de clic y en 3D,  que si conciertos en directo, ópera, ballet, teatro... y encima, todo gratis. ¡Pero si no me da tiempo ni a leer las propias recomendaciones! Como para meterme en harina con lo de dentro. Es de locos. Además, muchas de esas actividades programadas suelen ser precisamente a las 18h, justo coincidiendo con mi clase de zumba en streaming. Cachis. En fin. Retomo el hilo, que me disperso.

Bueno, pues como en estas situaciones no vale cualquier libro, si alguien está pensando en leer uno  y no sabe cuál, a continuación recomiendo cuatro que a mi me han gustado especialmente* de los últimos que han caído en mis manos (y que he leído, eso es importante), y un breve comentario personal, no una crítica, sobre cada uno de ellos. Y si alguien se anima con alguno tras leer esto, me alegraré, sobre todo si me lo hace saber. Hala. Ahí va la lista.



En busca del Unicornio, de Juan Eslava Galán

Esta novela corta la encontré hará un par de años en plena calle a dos manzanas de mi casa sobre el respiradero de un garaje. Supongo que alguien la había dejado allí para que la cogiera el primero que se interesara por ella. Estaba medio lloviendo. Me picó la curiosidad, miré la contraportada y me la llevé.  Todavía hoy huele a humedad. Leyéndola se siente uno trasladado al siglo XV, pero no sólo por la historia que cuenta, que es más que entretenida, sino por el lenguaje y las expresiones que utiliza el autor al escribir, que parecen salidas de  la humilde pero florida y graciosa pluma del protagonista, Don Juan de Olid. Una auténtica y singular delicia.



El adversario, de Emmanuel Carrere

Este perturbador libro llegó a mí por el club de lectura de mi mujer, fuente de la que he bebido tragos realmente saciantes, como fue el caso de Stoner o El color de la leche entre otros. Este no te deja indiferente.  Cuenta de una forma muy directa, casi en primera persona, pues el autor tuvo un contacto muy cercano con el protagonista, la escalofriante e increíble historia de Jean Claude Romand, que  hace un año salió en libertad después de 26 años de cárcel por haber asesinado a  sus hijos, su mujer y sus padres. La realidad supera a la ficción. Y este libro es buena muestra de ello, no solo por la historia en sí, que es tremenda,  sino por cómo lo cuenta. Imprescindible.
Por cierto, más tarde vi una película española que se inspiraba en esta historia y que ha mi modo de ver pasó bastante desapercibida. Se titula "La vida de nadie".  Muy recomendable también.



Fin, de David Monteagudo

Encontré esté título en una de esas listas que aparecen en verano.  Sería una calurosa tarde en la que  no sabía muy bien por donde enfocar mi ansia lectora. Y por suerte acerté. Como de costumbre, no era uno de esos títulos que están en primera fila en las librerías. Quizá no sea literariamente exquisito, pero la trama te atrapa desde un primer momento y no te deja respiro hasta el fin. Nunca mejor dicho. Inquietante.



No, mamá, no, de Verity Bargate

Este librito de menos de 200 páginas llegó a mí como el anterior, puede que incluso en la misma lista. No sé cómo presentarlo. Digamos que una mujer joven, casada y madre de dos pequeños, tras tener al segundo, (quizá a causa de la depresión post parto) comienza a ver su vida con tal desencanto y lo cuenta en primera persona de una forma tan descarnada que te deja completamente noqueado desde la primera linea. Imposible dejarlo a mitad. Pequeño pero matón. Muy, muy intenso. 


* A todos los he valorado con un 9 en mi escala personal (y subjetiva, claro). No es una garantía para nadie, pero puede ser un indicio. 

miércoles, 17 de octubre de 2018

Este blog y las fugas de James Rhodes

Este blog necesita un empujón. Eso está claro. El pobre está bastante abandonado. Desde hace un par de años la cosa va de capa caída. Y lo que me sorprende es que a pesar de esta absoluta dejadez por mi parte sigue recibiendo unas 700 visitas al mes. O sea, que hay unas cuantas  personas que cada día dedican unos minutos a leer alguna de las historias que cuento aquí. Increíble.

Ya sé que setecientos, en este agujero negro de las redes sociales en el que estamos atrapados, es poco menos que nada. Pero para  mi, saber que todos los días hay un grupito de gente que al menos ojea alguno de mis artículos es un pequeño chute de vanidad que, quieras que no, siempre ayuda. Y más a alguien como yo. Y aun me parece más alucinante esto de tener lectores a diario, sabiendo que debe de haber miles, millones de libros de todo tipo y  toda época mucho más interesantes que mis insignificantes escritos cogiendo polvo en bibliotecas de todo el mundo (incluidas las que tenemos en casa) sin ser leídos por nadie desde hace años. Cosas del interné.

Hablando de libros. Ayer empecé a leer el segundo libro de James Rhodes: Fugas. Desde que leí "Instrumental", posiblemente una de las autobiografías más crudas jamás escrita, quedé completamente subyugado por este tipo y su forma de contarnos su atormentada vida.  De hecho tras tener noticia de su segundo libro  Toca el piano: interpreta a Bach en seis semanas, (si, ya se que antes he dicho  segundo libro, pero me refería a libros de leer, no a los didácticos) me dio por intentarlo pero con la guitarra. Y lo conseguí. Dentro de mis limitaciones. Y con guitarra en vez de piano. Pero da igual. Me lo he pasado bomba repitiendo ese preludio cientos de veces. Aunque me da que mi familia no ha disfrutado tanto cómo yo. Qué se le va a hacer.

Si no habéis leído este libro, dejad lo que tengáis entre manos, especialmente si es el último tocho de Paul Auster, y corred a haceros con un ejemplar en la librería o biblioteca más próxima. Pero ya.

Bueno. A lo que iba: Fugas, el segundo libro de Rhodes. ¿Quién en su sano juicio se resiste a leer un libro que inicia cada capítulo traduciendo a la realidad del autor, y posiblemente a la de la mayoría de la gente, algunas de esas bucólicas máximas que nos ofrecen los libros de auto-ayuda? Aquí va como ejemplo la que precede al primer capítulo: 

Primera máxima:

"El universo me sostiene, me nutre y me protege.
La paz y el amor entran y salen de mí
en una armonía perfecta."

TRADUCCIÓN

"SOY UN PUTO MAMARRACHO PARANOICO,
RABIOSO Y MALHUMORADO, Y ESA RABIA
ME HACE SEGUIR VIVO. QUE TE DEN"


Si queréis un poco más aquí tenéis las cuatro primeras páginas. Es la primera vez que me atrevo a recomendar un libro sin apenas haberlo empezado. Pero con Rhodes me la juego. 

Otro aliciente de los libros de Rhodes, tanto "Instrumental" como este último, es que cada capítulo lleva aparejada una breve presentación  de una pieza de música clásica  que el autor recomienda como acompañamiento ala lectura. Se puede encontrar la lista en Spotify y sitios así.

Otra cosa ya aparte. Por si alguien ha leído mi entrada anterior, que era de mayo, decir que me recuperé al poco y sigo corriendo habitualmente. A mi trote, claro. Pero sigo. Que no es poco.

Por último, si alguien tiene curiosidad por oír la pieza de JS Bach en mi versión a la guitarra acústica puede hacerlo aquí:

 https://youtu.be/Rjt8LGzy4fQ  (también en mi canal de Youtube:  ram6n sanchez)


jueves, 8 de agosto de 2013

Lecturas veraniegas

En estas fechas es habitual encontrarse en cualquier periódico o revista  con una lista más o menos extensa de libros recomendados para el verano. Esta lista varía mucho dependiendo del destinatario natural de cada publicación, pero me da la impresión de que en muchos casos los que las redactan ni siquiera se han leído los libros que en ellas aparecen. Se limitan a transcribir textualmente las reseñas de las contraportadas. Además seguro que detrás de más de una de estas listas hay intereses editoriales que poco tienen que ver con el espíritu veraniego y desinteresado que sugieren las fotos de playas y sombrillas que suelen acompañar al texto.

A mi lo de leer en la playa es algo que no me va. Prefiero mil veces el frescor de una alcoba en penumbra a la hora de la siesta.
Pues aquí va mi lista, la de un lector de a pie que sólo lee libros por placer, y si me apuran  por ese nebuloso afán de culturizarse que todo el que ha sentido alguna vez curiosidad por algo lleva grabado en los genes. Esto último, ya digo, como efecto colateral si se da el caso.

Como se verá, si es que alguien lee esto, no se trata estrictamente de una lista de recomendaciones, si no mas bien de una serie de libros que  he leído  en lo que va de verano (y parte de la primavera), mi opinión sobre ellos y las azarosas circunstancias por las que fueron a caer en mis manos. 


La sombra del Meridiano, de Lorenzo Silva

Este libro me lo regaló mi mujer para el día del padre: decepcionante totalmente: No como regalo si no como libro. No se si después de haber leído y disfrutado de toda la saga de la singular pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro esperaba algo más, o es que el bueno de Lorenzo Silva se está repitiendo. El asunto es que tanto la vulgar y manida trama como las alambicadas conversaciones y reflexiones de los protagonistas, que en su día me parecieron la mar de originales e inteligentes, no me provocaron esta vez mas que hastío y sopor. Premio planeta 2012. 


El luminoso regalo, de Manuel Vilas

De este libro ya hablé en su día en este blog, pero me resulta muy difícil hacer una valoración sobre él. En primer lugar porque Manolo es amigo mío. No un amigo íntimo, pero tampoco un conocido sin más. Mantenemos una buena relación, aunque esporádica, después de años de estar juntos en colegios y demás instituciones académicas. Últimamente hemos conectado a través del facebook, lo que le ha llevado  a leer alguno de mis textos e incluso a elogiar mi forma de escribir. Esto, viniendo de un escritor consagrado como él, y aun descontando el efecto "amiguete", me ha elevado el ego hasta cotas insospechadas. Pero es que Manolo, y aquí radica la segunda razón de mi dificultad para valorar esta novela, es un escritor con un talento extraordinario. Tan fuera de lo común es lo suyo que muchos entendidos lo comparan con escritores de culto de la talla de Joyce, Faulkner o Bolaño. Y ese es precisamente mi problema. Que nunca he podido leer un solo libro de estos autores. Y lo he intentado. No se si es falta de sensibilidad, o un bagaje literario escaso y mal seleccionado, o ambas cosas. El caso es que algo parecido es lo que me pasa con las novelas de Manolo. Y eso que esta última me la he leído entera.  Por suerte, incluso los que no pertenecemos a ese selecto club de lectores que tienen en su mesilla libros de los autores citados, o de Borges, o de Proust, podemos disfrutar sin problemas de los excelentes artículos que Manuel escribe habitualmente en el ABC, por ejemplo, o de sus personales, lúcidos  y siempre libérrimos comentarios con que nos regala casi a diario en su muro del facebook. Una novela compleja de un escritor excepcional.


Stoner, de John Williams

El tipo de letra con la que he escrito el título de esta magnífica novela no es casualidad. Es sencillamente uno de los mejores libros  que he leído en mi vida. Y es que tras lo simple de la historia que cuenta, la anodina vida de un  profesor de universidad a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se esconde la esencia misma de la gran literatura, la que conmueve en lo mas hondo y le deja a uno un recuerdo indeleble. Me topé con esta obra maestra por recomendación de mi mujer, a la que se la prescribieron en un club de lectura. Imprescindible!


La cena, de Herman Koch

Esta la vi en el expositor de recomendaciones de la biblioteca municipal. Me llamó la atención lo simple del título y la lectura de la contraportada me decidió a llevármela a casa. Lo que empezó con una frescura y una brillantez esperanzadoras acabó desinflándose poco a poco hasta consumar un fiasco. No la recomiendo.

El grito de la lechuza, de Patricia Highsmith

Esta pequeña joya la encontré semioculta en la estantería de mi casa y no tengo ni idea de como fue a parar allí. Como no tenía otra cosa a mano la empecé a leer con  pocas expectativas, la verdad - una novela de suspense más - pensé. Mi sorpresa fue mayúscula y mi regocijo mayor cuando a las pocas páginas me vi envuelto en una trama tan original y emocionante que me enganchó sin escapatoria posible. Y es que el pulso narrativo, la tensión y la maestría en la caracterización de personajes son una combinación difícil de encontrar. Y nunca pasan de moda. Recomendable 100%

El zen del correr, de Fred Rohé

Más que un libro es un pequeño compendio de reflexiones con cierto trasfondo de espiritualidad sobre el asunto de la corrienda. Me lo prestó mi amigo Felix, compañero de trabajo y aficiones varias. Aunque está descatalogado desde hace años, puede encontrarse en internet.  No está mal. 


Un paseo con mi princesa, de Néstor Coscojuela

Este pequeño libro, del que ya he hablado aquí, me lo prestó mi amigo Pepe. Es una recopilación algo heterogénea de textos y poemas que el autor dejó escritos y que se publicaron a título póstumo. Hay algunos pasajes y pensamientos bastante impactantes, como por ejemplo: Nuestro destino es eterno, pero solo es eterno el olvido. Es por lo tanto el único destino posible. Curioso para cualquier lector y emotivo además para los que conocimos a Néstor.


Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

A esta célebre novela, de la que por supuesto había oído hablar pero en la que no había reparado hasta hace unas semanas, llegué gracias a El luminoso regalo, de Manuel Vilas, en cuyas páginas se hacen continuas referencias tanto a los personajes como a la propia novela. Me la he acabado esta mañana entre sobrecogido y maravillado ante la historia mas perturbadora sobre la naturaleza humana que quizá haya leído nunca. Un clásico de obligada lectura.


Esto es todo de momento.


jueves, 18 de abril de 2013

El luminoso regalo de los 51

Pues sí. Ya hace un año desde que, con ocasión de mi 50 aniversario,  me planteaba la penosa disyuntiva de  decidirme entre  un Ipad o una guitarra como regalo. Hoy estoy más que satisfecho de haber elegido la guitarra. Aunque quizá mi familia no pensará lo mismo. El caso es que me han caído los 51, y siendo un número tan poco singular, y después del exceso de la cincuentena, la ocasión no requería de mayores agasajos.

Se dio la circunstancia de que el martes de la segunda semana de abril un antiguo compañero de colegio, de instituto y de residencia universitaria presentaba un libro en la FNAC. Hasta ahí todo normal. El problema era que los dos últimos libros suyos que había comprado los tuve que dejar sin acabar de leer. Y no soy de los que compran libros por comprar. Aunque me cueste, procuro amortizar la inversión a toda costa. Pero como digo, con esos dos no pude. Imposible.

Tapa de la última novela de Manolo Vilas.

A pesar de esos antecedentes, algunas críticas sobre su última novela que hablaban de un giro en su obra, la buena tarde que hacía y que me encontrara casualmente por el centro,  hicieron que me decidiera. Para hacer hora me metí en el Palacio de Sástago, justo en frente de la FNAC, más con la esperanza de encontrar unos servicios donde aliviar mi vejiga que de culturizarme con lo que allí se exponía. Y mira por donde que aparte de no encontrar un WC por ningún lado, me topé con la  monumental y para mi desconocida obra pictórica de Cristóbal Toral. Me quedé anonadado. Ya con aquella sorpresa inesperada tenía amortizada la tarde. Salí del palacio culturalmente satisfecho, pero con una necesidad ya perentoria de ir al lavabo. Me asomé a una heladería smooy y vi el ansiado pictograma al fondo del establecimiento. Salí de allí tan exultante como de mi visita al Palacio.

El acto estaba previsto para las 21h. Me presenté unos minutos antes y me acomodé en la última fila de la sala cerca de la puerta. Un sitio discreto por si se complicaba la cosa. Hice bien en llegar pronto por que al cuarto de hora  todavía no había empezado el asunto y al fondo se acumulaba gente de pie. Al poco vi entrar a María Ángeles, la mujer de Manolo y estuvimos departiendo un poco. Estaba muy guapa y así se lo hice saber. Llegaron por fin los oficiantes y empezó el cotarro. Todo fue muy en la línea que esperaba: alta literatura para literatos. No era mi hábitat natural, estaba claro, pero al margen de ciertas  referencias que no entendí, el acto estuvo entretenido y consiguió que me picara la curiosidad por el libro. Al final me encontré con otro antiguo compañero de residencia, Jimmy, al que no veía desde hacía décadas y que me dijo andaba por Berlín. Me alegró verlo.

Total que, aunque no era mi intención primera, animado por el ambientillo y ante las promesas del propio autor de que este sí me iba a gustar, acabé comprando el libro dedicado con un "...que disfrutes del luminoso regalo...".  Espero que así sea, porque cuando llegué a casa mi mujer y yo convinimos en que ese podía ser mi regalo de cumpleaños. Cuando lo lea, y espero hacerlo pronto, contaré si  he acertado este año como lo hice el año pasado. Y si no es así, te lo haré saber Manolo.

martes, 26 de febrero de 2013

Balneario

Esta mañana he viajado hasta el balneario de Panticosa. A 10º bajo cero la nieve y el silencio lo cubrían todo.


Más de una semana han estado incomunicados trabajadores y clientes en este lugar a raíz de las últimas nevadas.  


El lago helado cubierto de nieve. Algún intrépido se ha aventurado a caminar por encima. No me he acercado a ver si entre las pisadas del centro había una zona quebrada y alguien debajo del hielo mirando con los ojos muy abiertos.

Aún se conservan parte de la construcciones originales de la época de esplendor del Balneario, como casa Bello .
He visitado este impresionante lugar unas cuantas veces y siempre me he sentido sobrecogido por  una sensación de paz, de aislamiento, provocada sin duda por lo recóndito del enclave rodeado de imponentes cumbres que apenas dejan ver el sol.

Curiosamente, la misma sensación  se respira al leer la novela cuya cubierta reproduzco a continuación y que por puro azar cayó en mis manos hace unos cuantos años. A pesar de  lo vetusto de la edición original de 1954 y del olor a moho del ejemplar, me picó la curiosidad ver que se trataba de una historia ambientada en el balneario de Panticosa.

Un libro que transporta al lector a lo que debió ser una estancia en el balneario en los años 50. Puro relax. 

Ramón Salanova escribió esta curiosa novela que discurre íntegramente en el balneario de Panticosa.