viernes, 11 de febrero de 2022

Licorice pizza: vuelve la magia

Lo que son las cosas. Últimamente casi no voy al cine. Entre la pandemia, los netflix,  lo que han crecido las pantallas de televisión desde que éramos críos y lo calentito que se está en casa estos días, mucho me tiene que llamar la atención una película para convencerme de que vale la pena gastarme lo que cuestan las entradas y desplazarme hasta la sala de proyección.

Pero... a veces suceden cosas imprevistas que te rompen los esquemas. Como me pasó el domingo pasado, por ejemplo. Era esa hora en la que intentas sobreponerte al abotargante efecto de una siesta demasiado larga cuando sonó el móvil. Me debió de pillar en algún punto entre el sofá y la nevera y como mi sistema de orientación todavía estaba intentando reiniciarse, cuando encontré el aparato entre los pliegues de mi mantita aun caliente ya habían colgado. 

Era uno de los pocos amigos que todavía me llaman de vez en cuando, aunque no necesiten nada. O sea que  devolví la llamada inmediatamente. En resumen, que a falta de media hora para que empezara la película en el Palafox, de los cuatro que iban al preestreno en versión original subtitulada de "Licorice Pizza", habían tenido una baja y que si me apetecía ir.  Un título tan raro, Licorice Pizza, para una película de la que no había oído hablar era poco prometedor, la verdad. Y lo de la V.O., qué pereza,  siempre me ha parecido un capricho de los que se las dan de cinéfilos intelectuales para marcar distancia con el resto del personal. Pero el caso es que, a pesar de que en casa no había mal plan, un chocolate con churros a media tarde, me pareció descortés decir que no. Así que me remojé un poco la cara para espabilarme, me vestí y me tiré a la calle. 

Iba muy justo de tiempo. Veinte minutos escasos. Dudé si sería mejor subir en tranvía o en bici de las públicas, pero como los domingos la frecuencia del transporte urbano baja mucho, opté por darle al pedal. Creo que batí el récord de cronoescalada Carrefour Actur- Plaza de España: a menos cinco, algo sofocado, eso sí, pero ya completamente despierto, estaba en las escaleras del cine.

Los protagonistas de Licorice Pizza.

Y aquí es donde debería contaros cómo es posible que una historia romanticona entre una veinteañera que aparentemente no tiene nada especial y un quinceañero con la cara llena de acné al que le aprietan los pantalones  me mantuviera hipnotizado durante más de dos horas. Como cuando vi la primera de Indiana Jones siendo todavía un adolescente. No sé cómo explicarlo. Son muchos los factores y hay montones de excelentes críticas que podéis leer por ahí que analizan en detalle los aciertos de esta obra maestra; que si la excelente ambientación, la estupenda banda sonora, el ritmo, los planos, los secundarios de lujo, el guion brillante, etc., etc. Pero, en mi opinión, lo que hace de este film algo realmente sublime es la química que hay entre los dos protagonistas, un chisporroteo que traspasa la pantalla y te atrapa desde la primera escena arrastrándote con ellos en una montaña rusa emocional hacia un final  deslumbrante. Y qué decir de la protagonista, interpretada por una hasta ahora desconocida Alana Haim, dotada de un encanto tan especial que es imposible no enamorarse de ella desde el primer fotograma. 

Lo que son las cosas. Quién me iba a decir, tan solo unas horas atrás, que iba a volver a creer en la magia del cine, y en pantalla grande. Y todo gracias a Licorice Pizza.  Y a un buen amigo, claro.





5 comentarios:

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  2. ¿Cómo? ¿Un final deslumbrante? Seguro que es una historia de amor que acaba bien. Pallá que me me voy con las hijas de mi mujer y la madre de mis hijas. Una peli para todos los gustos. Gracias Ramón por esta descripción...
    Saludos

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    1. Espero que os guste como a mi, Félix. Ya me contarás😀

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  3. Bueno pues con estos antecedentes, me encantaría verla. Es un gustazo cuando una película te da una sorpresa bonita. Lo cuentas muy bonito. Vivan las siestas y las cronoescaladas😀

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    1. Gracias Maite. Seguro que te gusta😀. Y sí, lo inesperado, cuando es bueno, sienta muy bien. Las siestas... me pierden🤤.

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