Querida Carmen, o Pablo, o cualquiera que celebre hoy su santo, perdona que no te felicite hoy, pero...
Pero es que no soy yo de los que tienen estas cosas muy en cuenta. Tan arbitrarias, por otro lado, que si te llamas Jorge o Pilar te felicitan, pero si te pusieron Luis o Ángela, ni flores. En fin. Eso sí, si nos encontramos hoy por ahí, una palmotada en la espalda con un págate algo, no te lo quita nadie, eso faltaría. Que ya me he enterado bien de que hoy es tu santo.
Y ese es el tema. Que uno ya no puede ir por la vida tan feliz, sin saber quién cumple años hoy o qué santo se celebra: siempre hay alguien al punto de la mañana que te lo recuerda, quieras o no, y ya después, todo el mundo, con naturalidad, como si hubieran señalado en rojo ese día en su agenda más personal, se suma a la avalancha de buenos deseos, copas de champán, tartas, confeti y hasta fuegos artificiales, como si hubieran tenido todo eso escondido en el cajón de la cómoda esperando el gran día. Y es que en whatsapp es todo tan fácil y... tan barato.
Sí, ya sé que con esta actitud mía parezco un insociable y un desaborido. Probablemente lo sea. Pero de verdad que no es porque no te tenga aprecio, amigo, amiga. Tú bien lo sabes. Es otra cosa. Un abrazo.
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