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lunes, 1 de diciembre de 2014

Corriendo bajo la lluvia: un par de consejos

No tengo una gran experiencia en esto de correr bajo la lluvia, pero aun así creo que he aprendido algunas cosas sobre el tema que quizá puedan serle  útiles a alguien. (Si preferís ahorraros el texto introductorio, podéis ir directamente a la parte final.)

Aquella mañana, llovía moderadamente cuando me levanté dispuesto a correr un rato con los de mi grupo, el 7:45. Me calcé las zapatillas y sin pensarlo  dos veces  salí a la calle en pantalón corto. Como protección anti-lluvia me puse mi chaquetilla amarilla del Decatlhon y una gorra visera. 

En el punto de reunión, que otros sábados  llega a congregar hasta 40 corredor@s, estábamos solo 3, Ernesto, Lucas y yo. A las 7:50 viendo que no aparecía nadie más, salimos decididos a circundar la ribera del Ebro por su tramo urbano. Tampoco era cuestión de ponerse hasta arriba de barro. A pesar de la lluvia persistente, cómo la temperatura no era  baja y el viento estaba en calma, el trote a ritmo suave y en buena compañía resultaba de lo más agradable.

Esta gorra visera que me regalaron en la carrera  Castillazuelo- El Pueyo, muy recomendable por cierto, es el complemento perfecto  para correr bajo la lluvia. Simple pero eficaz.
Llovía con ganas y mientras corríamos  iba yo dándole vueltas a lo de la indumentaria más adecuada para correr con lluvia. Como he dicho, yo vestía chaquetilla y gorra visera. Ernesto y Lucas, corredores mucho más experimentados que yo, llevaban chubasqueros similares al mío pero con capucha y Lucas además una gorra visera. Anselmo, otro compañero que se nos unió por el camino, iba como yo, chaquetilla y gorra visera. A la media hora de trote tanto Ernesto como Lucas se tuvieron que quitar la capucha. no porque amainara la lluvia, sino porque les molestaba y llevaban la cabeza tan mojada como los otros dos.

Bueno, pues tras este  húmedo pero gratificante entrenamiento y lo que allí y en otras ocasiones parecidas experimenté aquí van mis...

Consejos para echarse a correr bajo la lluvia

Premisa previa: Mojarte te vas a mojar igual te pongas lo que te pongas. Si no es por la propia lluvia, será por la condensación que se produce al sudar. Y digo yo que puestos a mojarse, a no ser que haga un frío horroroso, es preferible que sea con agua fresca que recocerse uno en su propio jugo, ¿no?  Pues ahí van mis recomendaciones:
  1. Es siempre preferible llevar poca ropa. Mejor pantalón corto que mallas. Esto vale también para tiempo seco. (Aquí suele ser útil  la norma de ponerse una capa menos de la que uno piensa que necesitaría cuando se asoma a la ventana a ver el tiempo que hace)
  2. Evitar ponerse la capucha del chubasquero. Salvo en condiciones extremas de frío o viento, a los pocos minutos de estar corriendo el agobio que provoca la capucha no compensa su posible utilidad. 
  3. En mi opinión la única prenda realmente imprescindible y útil para correr bajo la lluvia es una gorra visera. Así de sencillo. Evita que te chorree agua por la cara y los ojos, algo que resulta realmente molesto. 
Como digo estás indicaciones, que no son nada científicas, se basan exclusivamente en mi experiencia personal y en lo que he ido viendo y comentando con mis colegas. Por supuesto, si vas a cualquier tienda especializada te recomendarán adquirir ropa técnica de última generación super transpirable, impermeable y cara, muy cara. En mi opinión y por mi experiencia con tejidos de esa clase, esos benéficos efectos sólo se obtienen si te das un paseito bajo un suave chirimiri. Si está lloviendo en serio y estás corriendo de verdad, lo de la transpiración, por mucha tecnología que incorpore la chaquetilla, deja de funcionar y la prenda hace el mismo papel que cualquier chubasquero de 10 euros.

En todo caso la idea final que quería transmitir es que salir a correr bajo la lluvia no solo es recomendable, estimulante y completamente inofensivo sino que además no requiere de una inversión adicional. Vasta con salir a la calle sin pensarlo dos veces. Y una gorra visera.

martes, 11 de febrero de 2014

El asombroso caso del viejo chandal rojo

Por primera vez desde que me eché a correr hace cuatro años, estaba lesionado. Llevaba tres semanas con molestias en la rodilla izquierda. Durante las dos primeras hice un par de intentonas pero nada,  no pude correr más de 4 o 5 km seguidos. Tenía que parar y seguir caminando casi a la pata coja. Afortunadamente la semana pasada  salí un par de días  muy despacio y aguanté tres cuartos de hora sin notar dolor. Así que este sábado que estaba en Barbastro decidí probar si todo iba bien y me lancé a la calle a primera hora

No hacía demasiado frío pero el cielo estaba cubierto y caía alguna gota. Nada serio aparentemente. El problema era que me había dejado mi equipación de invierno, mallas y chaquetilla cortavientos, en Zaragoza. O sea que no tuve mas remedio que recurrir a mi viejo chándal John Smith, de hechuras anchas y algodón gordo, que me regaló mi mujer a mediados de los 90 y que tengo en el pueblo para estar por casa en invierno.  Pues nada,  bien abrigado aunque con unas  pintas poco aerodinámicas, puse rumbo a la Boquera.

A la altura del instituto las gotas dispersas se habían convertido ya en un suave chirimiri. Por allí visualicé a un corredor  que iba por delante y  llevaba un ritmo, increíblemente, más lento que el mío. Le dí caza y me puse a darle palique, como es mi costumbre. Mis explicaciones sobre lo extraño de mi indumentaria no parecieron convencerle demasiado. Cogió la primera escapatoria que vio con la excusa, sospecho que inventada, de que iba a hacer monte. No lo culpo.

Algo decepcionado por aquella incipiente relación tan tempranamente truncada, seguí a lo mío. Me sentía bastante bien y la rodilla no amagaba con manifestarse. Eso si, el chirimiri empezaba a ser una llovizna persistente, pero para lo que quedaba hasta el km cinco... tampoco era cuestión de quedar mal. 

Ya de vuelta fui avivando el ritmo pensando en mojarme lo menos posible, pero cada vez tenía que pasarme la mano por la cara con mayor frecuencia, como un limpiaparabrisas, para poder ver algo. Por suerte mi entrada en el casco urbano, ya iba como un auténtico eccehomo, pasó bastante desapercibida: lloviendo y a esas horas de la mañana no se veía a casi nadie. Llegué a casa satisfecho por haber corrido una hora con buenas sensaciones, pero con varios litros de agua infiltrados en mi ultra absorbente atuendo deportivo.

Y ahí llegó la sorpresa. Cuando me quité la empapada chaqueta comprobé asombrado que la camiseta técnica que me había puesto debajo estaba completamente seca. Y eso que era de las que regalan. Atribuí esa sorprendente sequedad a las propiedades de esos tejidos de poliester. Pero cuando eché un vistazo y toqué la chaqueta del chándal por dentro vi que estaba tan seca  como la camiseta. Eso si que me pareció realmente asombroso. ¿No habíamos quedado en que la ropa de algodón normal y corriente cala cuando se moja? Eso de mantenerte seco cuando corres bajo la lluvia, ¿no estaba reservado a prendas "técnicas" de gama alta  y por consiguiente muy, muy caras?  No entiendo nada.

miércoles, 27 de junio de 2012

Futbol 3 - Atletismo 1.

Este pudo ser el resultado del desigual enfrentamiento entre el partido de fútbol España-Francia del pasado sábado y la carrera 10k - Fiestas de San Ramón que se celebró el mismo día y a la misma hora por las calles de Barbastro. Cuando me inscribí, tres días antes,  ni me di cuenta de lo del fútbol. Pero bueno, aunque el partido tenía su interés, ya estaba inscrito y no era cuestión de echarme atrás. 

Fue peor cuando vi la camiseta que te dan al recoger el dorsal. Que me perdone el diseñador, (no es nada personal, en serio, y seguro que hay gente a la que le gusta) pero ni ciego de birras me la pondría  ni para bajar al trastero:


A pesar de las circunstancias, la carrera en si no estuvo mal. Eso si, me la tomé con bastante calma. Desde el principio salí regulando con la intención de no sufrir. Tanto es así que en el primer paso por el puente de San Francisco mi madre, que me estaba animando, le dijo a mi padre por lo bajo: - ¡pero si va el último! - No mama, que aun queda gente por ahí detrás. Al rato me reconoció mi tía Asunción que me dijo -Ojo hijo mío, no te sofoques. - Tranquila tía que voy bien. Total que a los 52' más o menos crucé la meta, dejé el chip, me comí una rodaja de sandía, y me fui a casa a cenar.  Aun tuve tiempo de ver el final del partido.