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jueves, 3 de mayo de 2018

Cómo lesionarse yendo al trote cochinero

Sí. Parece imposible ¿verdad? Pero se puede.  Yo que presumía de que con mi ritmo de entrenamiento espaciado y de baja intensidad no me lesionaría nunca, he tenido que asumir que esta convicción no era más que una de mis peregrinas ideas sin ninguna base científica. Qué se le va a hacer.

Así que a lo tonto llevo más de dos meses en el dique seco. Todo empezó una mañana de domingo del mes de febrero. Iba corriendo con gente de mi grupo, el 7:45, cuando al poco de llegar al final del trayecto y antes de emprender la vuelta  empecé a notar una insistente molestia en la rodilla derecha que me hizo bajar el ritmo hasta tener que parar completamente. Mientras echábamos un trago de agua en la fuente del galacho de Juslibol fui consciente de que tendría que volver andando. Manolo se prestó a acompañarme y al rato Fernando vino a recogerme con su coche y me llevó a casa ahorrándome el ir cojeando un buen trecho.  Lo que son los colegas de correr. A penas coincides unas veces al año, no conoces casi nada sobre su vida privada, no has estado nunca en su casa ni ellos en la tuya, pero cuando hace falta echan el resto como amigos de toda la vida. O más en algunos casos.

Ese mismo día fui al centro de salud y  me dijeron que no parecía tener nada roto. Me recomendaron una rodillera, reposo y antiinflamatorios. A la semana o así dejé de cojear y a los quince días me eché a correr pensando que estaba ya curado  pero a los veinte minutos otra vez igual. Y otra semana cojeando. Semanas después probé a correr poco a poco y parecía que la cosa iba bien. Llegué a trotar una hora sin problemas, aunque muy despacio por si las moscas. Y en esas tuve una incidencia en un ojo... y otras dos semanas de reposo. Y cuando vuelvo a correr, esto es el sábado pasado, me creo que voy bien, intento acabar el recorrido habitual y otra vez la rodilla dando la nota. En fin. Ya veremos en qué acaba esto. De momento lo de volver al trote cochinero, tan humilde y poco glamuroso él, se me antoja un reto atlético de primer orden. 

Aunque tampoco hay que dramatizar. Cuando camino no me duele nada. Y eso no es poco. 

domingo, 28 de septiembre de 2014

Maratón de Zaragoza 2014. Fotos

En  2012 estuve haciendo fotos de la maratón de Zaragoza. El año pasado la corrí. Este año he vuelto a hacer de fotógrafo. Si sigo esta cadencia al año que viene me toca correrla. Hoy, entre que  el  día estaba gris y que no debía de estar yo muy inspirado, no me han quedado unas fotos tan bonitas como las del 2012. Pero a cambio... he hecho bastantes más. Las fotos corresponden a la llegada a la Plaza del Pilar (km 42) desde la calle Alfonso y abarcan al personal con tiempos de llegada entre  3:30 y 4:30  más o menos. También he tomado unas pocas  en el km 37 de gente con tiempos algo inferiores a 3:30 creo, justo hasta que se me han acabado las pilas, como me suele pasar en las ocasiones importantes, y he tenido que ir a comprar unas a una tienda de recuerdos de la calle Alfonso, donde he retomado la faena. Por último, ya cuando me iba a casa, he sacado un par de fotos del último clasificado que se acercaba a ese km 37 seguido de un espectacular séquito de patinadores y demás personal de apoyo. Tiene gracia el asunto: llegas con un tiempo de 4:45 y no sales ni en la foto, pero el último recibe casi tantos honores como el primero. Así son las cosas.

Bueno, no me enrollo más y pongo a continuación algunas instantáneas. El resto, hasta 536, las podréis ver en el siguiente enlace. Y si alguien quiere una copia a máxima resolución, no tiene más que pedírmela, aunque descargándolas directamente tienen un tamaño más que aceptable.


Lucas, uno de los fenómenos de mi grupo 7:45 acercándose al km 37. Para él un aperitivo para los 103 km de la Ultra de Guara de la semana que viene. Ahí es nada.
El gran Paco, que fue mi guía durante mi primera media maratón, luciendo el nombre de nuestro pueblo, Barbastro, en el dorsal. Elegante y discreta combinación de colores.
El globo de las 3:30 a 5 km de la meta.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Mi gran carrera griega. Maratón de Zaragoza 2013. (El previo)



Después de un verano preparándome para correr mi primera maratón, llegó por fin la semana decisiva. Desde julio  había estado siguiendo un plan de entrenamiento bastante llevadero y del que hablaré en detalle en otro momento. Solo adelanto que el espíritu de ese plan, o la adaptación que hice de él,  podría resumirse en la siguiente frase: "A la maratón hay que llegar fresco, que no crudo".

Así que a siete días para la carrera, ya con todo el pescado vendido,  la duda de si estaría preparado o no empezó a inquietarme de manera insistente. Otra fuente de desasosiego fue que en mi hoja de entrenamientos ponía que esa última semana tenía que salir a correr tres días (a razón de una hora cada día). Como me pareció algo excesivo, ya sabéis, para lo de llegar fresco, consulté al oráculo. El gran Pedro Justes, mi principal mentor y guía espiritual en esto de la corrienda, me dijo que él solo iba a correr un rato el miércoles y el resto de los días a descansar. Dicho y hecho. No hay nada como escuchar los consejos que uno desea oír. Aun así, los cuarenta minutos que troté ese último día se me hicieron mas largos de lo normal y acabé con una sensación de cansancio nada halagüeña. ¿Iba a resistir mas de cuatro horas corriendo si en menos de una  estaba para el arrastre? Preferí no darle muchas vueltas al asunto.

El jueves, para entrar en harina, me presenté en unas charlas que daban  sobre diversos temas para participantes en la carrera. No estuvo mal. Hablaron sobre estiramientos e hicimos unas sesiones prácticas en las que, aparte de comprobar mi nula flexibilidad, aprendí el nombre y ubicación de algunos músculos que solo me sonaban de oídas.

En el mismo foro, el viernes, después de una charla sobre zapatillas, habló un especialista en nutrición. Esperaba con interés oír algún consejo práctico sobre qué comer antes, durante y después de la carrera. Y si, consejos nos dio, pero para mi que tenían mas de teóricos que de prácticos. Que si solo hay que comer productos integrales, incluidos el pan, el arroz y la pasta, que si de embutidos nada y el jamón solo de bellota (¡nos ha jodido!), que si evitar la leche y sus derivados, que si los cereales del desayuno hay que hervirlos antes porque sino son indigestos (o sea, que hay que convertirlos en papilla para bebés), que si el azúcar, chocolate y dulces ni probarlos (con lo laminero que soy), que si nada de agua del grifo, solo mineral, etc. Es decir, lo que se dice una dieta supersaludable, aburridísima y solo apta para bolsillos desahogados. Excesiva en cualquier caso para mi gusto. Porque, como diría mi mujer, tampoco es cuestión de hacerse de 200 años. Pero ya lo que  acabó de desconcertarme fue que pusiera al mismísimo Rafa Nadal como  ejemplo de lo que no hay que hacer mientras se practica ejercicio: comer plátano, con lo indigesto que es. (!?) Volví a casa con mas dudas que otra cosa. Esa noche cené pizza.

El sábado tenía un menú  rico en hidratos de carbono que ya había programado antes de la charla del día anterior: arroz blanco y pechugas rebozadas para comer,  y pan (normal) con tomate y jamón serrano y un poco de queso para cenar. Aparte de fruta y bebida isotónica a discreción . Salvo esto último, me lo comí todo con una ligera aprensión, al contravenir de forma tan flagrante los mandamientos que me habían sido revelados el día anterior.

Y llegó el gran día. Siguiendo la recomendación generalizada, apoyada también por el nutricionista,  había que desayunar bien unas tres horas antes de la carrera. Así que a las cinco y veinte sonó el despertador y me puse al tema. No tenía nada de hambre, pero me comí un par de peras y un bol de leche con colacao y cereales (sin hervir, ¡inconsciente de mi!).  Volví a la cama con intención de dormir un rato, pero entre la tripa llena y los nervios no pude pegar ojo. Afortunadamente en esta ocasión al menos no tuve dudas respecto a la indumentaria: el día se presentaba templado y con el viento en calma, por lo que la camiseta sin mangas de mi equipo, el Grupo7:45,  fue mi única opción. A las siete y veinte ya estaba en la parada del tranvía, donde me encontré con José Ignacio, colega de grupo. Durante el recorrido hacia el Parque Grande se fueron incorporando otros muchos corredores hasta llenar los vagones casi por completo. El ambiente era total.

Junto a la linea de salida nos hicimos unas fotos de grupo y nos deseamos suerte unos a otros. Faltaban solo unos minutos para el pistoletazo cuando me asaltó la clásica duda en estos casos: ¿Debería ir al baño por última vez? . (Continuará)

miércoles, 31 de julio de 2013

17 7:45 a las 6:30 y un traspiés

Después del domingo y del lunes, en los que tocaba descanso, ayer martes inicié mi cuarta semana de preparación para la maratón en compañía de mis colegas del grupo 7:45. Contando a mi joven esposa, que nos acompañó solo un rato por su horario de trabajo, alguien dijo que eramos 17. Todo un récord para un día entre semana. A las seis y media en punto apenas comenzaba a clarear cuando emprendimos la ruta  de los 8 puentes.

Llegando al Puente de Santiago. 

Pasando por la arboleda de Macanaz. La escasa luz, gente corriendo y un móvil no son la combinación ideal para sacar buenas fotos. Pero ahí queda el testimonio.

Dejando atrás el Puente de Piedra. El Ebro, a pesar de que  estos días lleva poco caudal, sigue siendo el Ebro.

Cruzando el puente Gimenez Abad, ya para encarar la vuelta por la orilla derecha del Ebro 


Pasarela sobre la desembocadura del río Huerva.

¡Ya faltan menos de 3km para acabar la ruta!
No se si con las fotos habrá quedado claro, pero lo que pretendía mostrar aquí es el tremendo gustazo que supone empezar el día corriendo, y más si vas acompañado. Y si el circuito es tan bonito como este, pues es que ya no se puede pedir mas. Lo de tener o no un objetivo, como el de la maratón por ejemplo, es lo de menos. Lo importante es vivir estos momentos.

Se me olvidaba lo del traspiés: Justo cuando ya llegábamos a la Pasarela del Voluntariado, en una zona que está entarimada parecida a la que se ve en la foto de la pasarela del Huerva, y en el preciso instante en que mi amigo Pedro me animaba diciendo "Venga Ramón, a ver si coges tablas", voy y me tuerzo un tobillo. Por suerte no fue demasiado grave. Por la tarde mi médico me puso una venda y me dijo que en cinco o seis días podría volver a correr. Menos mal. El próximo martes toca la ruta de los 8 puentes. Y no me la quisiera  perder.

lunes, 11 de febrero de 2013

Matrimonio de conveniencia

Hace un par de semanas que formalizamos nuestra relación. No hubo ceremonia ni nada por el estilo. Cumplimenté los datos que me pidió el secretario y tema resuelto.

Lo nuestro empezó hace cosa de un par de años. Parece que fue ayer. Coincidimos en el parque una tarde de verano y así, como quien no quiere la cosa empezamos a salir juntos algún fin de semana. Siempre a la misma hora.

En este tiempo hubo días, incluso meses en los que por dejadez no me presenté a la cita. Y aun así nunca oí un reproche ni vi un mal gesto. Cada vez que volvía era recibido con una sonrisa. 

Total que cuando vi la oportunidad de legalizar el vínculo no me lo pensé dos veces. ¿Quien se hubiera resistido a una propuesta así?

Este domingo acudí puntual a la cita. Estaba amaneciendo. Y allí estaban mis amigos del grupo 7:45. Y todo volvió a ser tan nuevo, tan intenso como la primera vez.



lunes, 21 de febrero de 2011

7:45

Este domingo, en vez de mi  recorrido habitual  de media mañana por el meandro de Ranillas, me había propuesto madrugar y presentarme a las 7:45 junto a la pasarela del voluntariado para unirme al grupo 7:45. Este es un grupo de corredor@s que desde hace unos años tiene la sana costumbre de salir a entrenar sábados, domingos y fiestas de guardar a esa hora y desde ese mismo lugar. Así que he salido de casa a las 7:30 y me he acercado trotando al lugar de encuentro. El termómetro marcaba 4º y corría un cierzo ligero, pero el cielo totalmente despejado auguraba una mañana agradable. A las 7:42 he pasado por el sitio señalado. No había nadie. Sin inmutarme he seguido hacia el parque contiguo para hacer tiempo. Allí me he cruzado con un corredor bastante abrigado con el que he intercambiado un saludo. A los pocos metros he dado la vuelta, y he regresado al punto de reunión a la hora exacta. En 3 minutos se habían congregado una docena y pico de corredores a los que me he presentado. Me han acogido estupendamente, como hará unos seis meses, cuando hice mi primera y única salida con este grupo. Alguno incluso se acordaba de mi. Entre ellos había esta vez solo una chica, muy maja por cierto. Solo con el par de besos que me ha encajado a modo de salutación ya he amortizado con creces la inversión realizada con el madrugón. A partir de ahí ya todo beneficios.
¿Que más se puede pedir?


Tras dos o tres minutos de cortesía, durante los cuales me he enterado de los distintos itinerarios previstos, hemos iniciado el trote hacia los galachos de Juslibol. Yo me he acoplado a la vuelta "corta" (14 km ha marcado al final mi nokia). Otros grupetos se han marchado por delante con intención de hacer las vueltas media y larga. No tengo ni idea de los km que habrán hecho. Ya me enteraré algún día.

Cuando llevábamos 4 o 5 km un par de compañeros se han dado la vuelta porque tenían molestias y  me he quedado con Antonio y Pedro, un par de colegas con los que me he sentido la mar de a gusto. Por el camino, entre otros temas, hemos hablado sobre la carrera del Ebro, que se celebra el 4 de Abril, en parte por el mismo terreno que pisábamos y me han aclarado bastante mis dudas. Además me han llevado hasta una subida de 1 km con un 10% aprox. de desnivel. Me han dicho que era peor que las que me encontraría en la susodicha carrera del Ebro. He subido bastante bien así que, decidido. Me apuntaré.

A parte de todo las vistas desde los riscos de Juslibol son impresionantes como podréis ver:


Pedro y Antonio, del grupo 7:45 en los riscos de Juslibol. Al fondo la llanura del Ebro



Antonio y yo en actitud victoriosa.


En resumen, una salida supergratificante y mucho mas entretenida de lo habitual gracias a estos simpáticos chavales y chavalas del grupo 7:45. Intentaré ir con ellos siempre que pueda. Al final,  aún pude tomarme un café rápido en el sitio que acostumbran al acabar sus sesiones. Eran las 9:45. Justo cuando recibí una llamada de casa recordandome que hacía media hora que  estaban esperando los churros que les había prometido. Así que me fui corriendo (el atuendo acompañaba, la verdad) hasta la churrería y me hice con docena y media de churros recién hechos. El churrero aún me puso tres o cuatro de propina para acabar la bandeja. Mientras corría a casa me acordé de una aécdota que contaba el Sr Ornitorrinco sobre un tío que le adelantó en una maratón mientras se comía un chocolate con churros. Yo intenté comerme uno y casi me atraganto, aunque ya en casa, con el chocolate caliente, el desayuno en familia fue todo un lujo.
Para colofón mi mujer preparó ese día una de sus espectaculares paellas.
¿Que mas se puede pedir?