viernes, 11 de enero de 2013

El corredor fantasma

Hace un mes más o menos me paso una cosa realmente curiosa mientras corría por el parque del agua.



Había sido una semana bastante aciaga en la que, por una cosa o por otra, no había salido a entrenar ni un solo día. Para rematar la faena el viernes fuimos a cenar a casa de unos amigos que nos agasajaron con una parrillada de carnes a la brasa  a base de chorizo, morcilla, longaniza, panceta, etc, etc. No soy de los que quedan mal cuando se les invita a cenar, así que  me comí al menos una ración de cada, de tamaño regular. Algo salvaje.

El sábado por la mañana mi mujer y yo nos fuimos a correr un rato para intentar paliar de alguna manera las secuelas de la noche anterior. Pero es que el domingo también estábamos invitados a comer a casa de otros amigos, por lo que decidimos salir a correr también ese día. Esta vez fuimos por separado porque ella prefería  llevar un ritmo más tranquilo.

Total que a eso de la una del mediodía me tiré a la calle dispuesto a hace mi circuito habitual por la margen derecha del meandro de Ranillas. Hacía una buena mañana. Llegué hasta el puente del tercer milenio y me di la vuelta  rumbo a casa. A esas horas, ya sería la una y media, apenas quedaba nadie paseando por allí, y menos corriendo. En esas fechas todavía no había enviado mi Garmin a la casa por lo de la correa, así que iba sin reloj de lo más relajado. Hasta que lo vi  unos metros delante de mi.

Era un tío más o menos de mi edad y corría con un chandal tipo Rocky de algodón gris. Tenía una forma de correr poco ortodoxa, de esas que parece que van sufriendo una barbaridad. Ahí está mi presa, me dije mientras aceleraba un poco el ritmo para darle caza. No me costó mucho adelantarle, pero noté que cuando me puse a su altura incrementó un poco el ritmo. Ya delante de él me puse a tirar un poco con el fin de dejarlo atrás y así relajarme ya en lo que me quedaba hasta casa, que serían unos 4km.

Pero el tipo debió picarse, porque le oía resoplar detrás mío a pesar de que yo no había aflojado el ritmo de adelantamiento. No era cuestión de dejarme pasar a estas alturas, así que decidí echar el resto. Me puse a tirar a ritmo de carrera. Si quería pelea la tendría. Quedaban apenas 2km para llegar a casa y no conseguía despegarme de él. No me atrevía a mirar para atrás. Faltaba solo un km para el puente de la autopista. Allí el camino hace un quiebro en subida y podría verle la cara.

Llegué resollando a ese punto, y cuando volví la mirada desde el puente, no había nadie. Ni cerca ni lejos. Todo el camino estaba desierto. Me quedé perplejo. ¿donde se había metido el tipo del chandal gris?

Mientras recuperaba un poco el aliento empecé a darle vueltas a lo que me había ocurrido. Nunca me había pasado algo así. Tiene huevos la cosa. Casi reviento, por picarme con un fantasma.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Garantía Garmin

Lo prometido es deuda.
Hace unas semanas hablé de que se me había roto la correa de mi Garmin FR110 (después de un año y medio de uso) y de lo bien que se corría sin estar pendiente del cuentakilómetros y demás. Allí mismo dije que me había puesto en contacto con el fabricante para intentar solventar el tema y que ya contaría como acababa el asunto.

Pues bien. Lo cuento:

A los dos días de hablar por teléfono con la delegación en España, que figura en el apartado soporte de la página de Garmin, recibí un correo electrónico con instrucciones concretas. Debía enviarles por email la factura escaneada y el número de la unidad (que figuraba en la propia factura). Dos días después de enviarles esa información  recibí otro correo en el que se me indicaba el número de referencia  RMA  que debía anotar en el paquete en el que debía enviarles el reloj a la dirección que me indicaban. De lo único que me tuve que preocupar fue de empaquetarlo, ya que los gastos de envío corrían por su cuenta.

Entregué el paquete un jueves en la empresa de mensajería que me indicaron. El lunes siguiente, mientras veía el telediario de la tarde, llamaron al timbre: Un paquete algo más voluminoso y pesado que el que yo había enviado:

  
Y es que me habían enviado un reloj nuevo con todos sus accesorios, banda pulsómetro, cargador, cables, etc.

Ojala todas las empresas tuvieran un servicio postventa así.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Castillazuelo-El Pueyo. Ida y vuelta por 5€ todo incluido. ¡Un chollo de carrera!

Este sábado participé por primera vez en esta coqueta carrera campestre, corta pero intensa, que se celebra en pleno somontano de Barbastro. Me apunté  media hora antes de que finalizase el plazo de inscripción y no me arrepiento de haberlo hecho.

El día de la carrera, a eso de las 9 me desayuné con un tazón de chocolate con picatostes. Fui generoso con ambos ingredientes. No se si es el desayuno más adecuado antes de una carrera, pero me sentó de maravilla. Luego me asaltaron las dudas de siempre: ¿Pasaré frío si voy de corto? ¿Camiseta térmica de manga larga ó manga corta y chaquetilla?  Como me había olvidado los pantalones cortos en Zaragoza, la parte de abajo dejó de inquietarme. Para la de arriba me decidí por la chaquetilla, que siempre me podría quitar y poner con facilidad si hacía falta.

Mi buen amigo José Manuel me llevó en su coche hasta Castillazuelo. Nada más llegar me encontré a varios colegas en esto del correr y del bloguear, como el Sr. Ornitorrinco y  Agus, que han escrito sus respectivas y personales crónicas sobre el evento. Poco antes de salir me di el gustazo de trotar un rato al lado de Goyo, leyenda viva del atletismo barbastrense, mientras charlábamos sobre el recorrido y demás. Un gran tipo este Goyo.

En la linea de salida la chaquetilla no me estorbaba en absoluto. Allí me junté con Manu y Nacho, con los que suelo coincidir desde mis inicios en esto, y nos echamos a correr desde las últimas posiciones. Entre todos me habían acojonado un poco con la dureza de la subida al Castillo, a pocos metros de la salida, pero pude coronar sin problemas y sin  echar pie a tierra. Todavía iba fresco. El resto de la subida al Pueyo, era un continuo sube y baja pero con más "sube" que "baja". El último tramo antes de la "escalada" final al monasterio es el que se me hizo más duro. Un par de repechos doblegaron mi voluntad y me hicieron subir andando unos cuantos metros. Eso si, me aseguré de que no hubiera fotógrafos a la vista. Uno tiene su orgullo. 


En una de las última rampas de subida al monasterio del Pueyo estaba Pepe Cubelos inmortalizando el momento. ¡Gracias por la fotos Pepe!

Después de beber y  recuperar un poco el aliento caminando, me lancé cuesta abajo de vuelta a Castillazuelo. Detrás aparecen Manu, Olga y Ana, tres pedazo de corredores con los que compartiría todo el descenso. 
Bajando a galope tendido oí que venían por detrás un par de corredoras que no parecían tener intención de aminorar la marcha para llevar una conversación -digamos- sosegada. Cuando se pusieron a mi altura identifique a Ana B., a la que ya conocía de otras ocasiones y que iba acompañada de otra chica, que luego me dijo que se llamaba Olga. También bajaba Manu bastante lanzado. Así que me integré en ese cuarteto con el propósito de hacer más llevadero el trayecto de vuelta. 

Total que iniciamos la bajada juntos, pero de tranquilos, nada. Algo me dijo que en ese momento  empezaba de verdad nuestra particular carrera. Antes de llegar a las faldas del Pueyo ya se iniciaron las hostilidades. Tácitamente me dio la impresión de que nos dividíamos en dos equipos "rivales": Olga y Ana contra Manu y yo. Ana y Manu no se mostraron, al menos abiertamente, muy implicados en esta "competición", salvo porque los dos corrían que se las pelaban. Quizá esa división fuera solo una elucubración mía.  Sin embargo entre Olga y yo quedó claro desde el principio nuestra posición: íbamos picados. 

Así en frío puede parecer algo ridículo, hasta de mal gusto, pero ¿Qué es toda competición deportiva sino un "pique" entre dos o más adversarios? Si, ya se que lo caballeroso sería medirme con los de mi categoría, pero está claro que no puedo compararme con "Veteranos C masculino" de primera, ni de segunda linea, así que si se tercia la ocasión, y hablando de carreras pedestres claro, me pico con quien sea, sin discriminar por razones de edad o sexo. Y por otro lado, dos no se pican, si uno no quiere.

Así que el trayecto final lo bajamos a toda leche, sin que se viera muy claro como acabaría aquello. La mayor parte era de bajada, pero había algún repecho que se hacía notar, y mucho. Hasta que por fin, alguno ya pidiendo la hora, llegamos al Castillo agrupados e iniciamos el  descenso del último kilómetro que tiene una pendiente realmente endiablada. Manu se tiró cuesta abajo como un loco. Olga hizo lo propio y se lanzó tras él a toda velocidad aunque perdiendo su estela poco a poco. Me fui detrás pero viendo resignado como se me escapaban. Me pareció una bajada realmente peligrosa para hacerla a tumba abierta (una pendiente puede que de más del 10%, encementada de forma irregular y con curvas cerradas). O sea que mi instinto de supervivencia me hizo echar el freno un poco, pero solo un poco. Sabía que los últimos 200 o 300 metros eran llanos y podría quemar ahí mis últimos cartuchos.

Y eso fue lo que hice. En cuanto se acabó la bajada eché el resto y me lancé a por Olga, a la que adelanté unos 100m antes de la llegada. Aun seguí acelerando hasta casi alcanzar  a Manu en la propia meta, pero ya no importaba. Al fin y al cabo éramos del mismo equipo... Aunque puede que todo fueran elucubraciones mías.

viernes, 23 de noviembre de 2012

¡Que bien se corre sin GPS!

¡Y sin reloj!
Esto viene a cuenta de que hace un par de días  se rompió la correa de mi Garmin FR 110. O sea el reloj con GPS que me agencié hace año y medio más o menos y que no he dejado de llevar puesto ni un solo día desde entonces.

Tengo que decir que como reloj de pulsera ha cumplido su función perfectamente, con el añadido de que, al conectarse a los satélites, siempre marca la hora exacta. Como gadget para correr, pues también se ha comportado de acuerdo a lo esperado. 
Me fastidia que se haya roto la correa porque no es de las que se pueden cambiar por otra, ya que forma parte del propio cuerpo del reloj. Así que he llamado al teléfono de Garmin y me han dicho que les envíe la copia de la factura y supongo que me cubrirá la garantía. Pero eso ya lo contaré en su momento. A ver como acaba el asunto.

Total que esta tarde, por primera vez como digo desde hace año y medio, me he ido a correr un rato sin mi Garmin en la muñeca. Al principio me he sentido como desnudo. Lo confieso. Pero enseguida he empezado a disfrutar de las ventajas de correr sin aparatejos encima:

Zona del parque del agua por la que suelo entrenar por las tardes en esta época del año.
Nada más salir de casa ya te evitas el rato que hay que esperar quieto a que el cacharrito localice los satélites. No es mucho tiempo, pero un minuto o dos plantado en medio de la calle cuando hace frío se hace bastante largo. Luego durante todo el trayecto, al no estar pendiente del ritmo que llevas, ni de los km, ni del tiempo, ni de nada, pues va uno mucho más relajado. No tiene nada que ver.

Conclusión:
No digo que estos trastos no tengan su utilidad en ocasiones, pero para salir a correr un rato por ahí, la verdad es que no hacen falta para nada. Más bien estorban. Y eso que el articulillo  titulado "Mi Garmin FR 110. Sencillo y eficaz", en el que contaba las bondades del mismo, ha sido y sigue siendo de lejos, el más visitado de este blog. Pero eso fue hace ya un año y medio.

domingo, 28 de octubre de 2012

Un éxito de carrera.

Resulta que hoy se celebraba en Zaragoza la 33 edición de la Carrera Popular por la Integración, que patrocinaba una caja de ahorros. La inscripción era gratuita y la entidad aportaba un euro por cada corredor que traspasase la meta al Banco de alimentos de Aragón. Total, unos 11000 euros que no habrán ido nada mal.

Foto: Heraldo
Esta es una carrera en la que lo "popular" desborda ampliamente a lo competitivo: lo que más abundan son familias enteras, padres, hijos, abuelos, carritos de bebes, etc. así como un gran número de participantes con discapacidades diversas. En resumidas cuentas, uno de los eventos  más participativos y solidarios de los que se realizan en Aragón.   

Aparte de todo esto, para mi esta carrera ha tenido una especial relevancia porque me han acompañado mi mujer y mi hijo pequeño (el mayor se ha quedado estudiando...) Y no solo han participado, sino que lo han hecho corriendo sin parar los 5km. Es cierto que el ritmo que se podía llevar no era demasiado rápido, pero para mi hijo Eduardo ha supuesto un reto importante, pues nunca había corrido una distancia semejante. Estoy muy orgulloso de él.

Mi mujer y mi hijo en nuestra primera carrera juntos. Se me cae la baba.

Y de mi mujer también claro, aunque ella ha llegado bastante sobrada, por la sencilla razón de que lleva desde el verano entrenando y corriendo conmigo. O sea que estoy encantado de tener una corredora en casa. 
Además, las mallas le sientan mucho mejor que a mi.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Maratón de Zaragoza 2012. Fotos

Hoy se ha celebrado el VI Maratón de Zaragoza y ya que no me he atrevido a correrlo, por lo menos me he acercado a animar un poco al personal y a sacar unas cuantas fotos. Lo que no he podido hacer es las dos cosas a la vez. Cuando animaba, animaba, y cuando hacía fotos, hacía fotos. Uno tiene sus limitaciones. 

La meta estaba en la zona de la Expo, así que como me quedaba cerca de casa me he presentado por allí unas 3 horas después de que se diera la salida. Había bastante animación, pero me ha dado la impresión de que la cantidad de público era muy inferior a la que se congregaría en el centro de la ciudad. Sobre todo, esa sensación se hacía patente en los últimos 200m que estaban vallados y sólo había acumulación de personal en los últimos 25. 

Poco antes del final  había un grupo de animación con muchos niños que cantaban y vitoreaban a los que iban llegando. Eso estaba muy bien, ya que parte del recorrido por la Expo estaba algo desangelado.

He tirado 261 fotos que se pueden ver en el enlace de abajo. Si alguien quiere alguna foto en tamaño grande sólo tiene que pedírmela a mi dirección de correo. 

La mayoría las he hecho en esta zona con luces y sombras porque me resultaba más atractiva la composición fotográfica, a costa de que quizá no todo el mundo quedara bien iluminado, pero... es lo que hay.

Pedro J. y José Luis, del grupo 7:45 a pocos metros de la meta. Espero algún día estar a ese lado de la cámara.
Al fondo puede verse el grupo de niños y animadores que daban el último empujón.







domingo, 23 de septiembre de 2012

Mi media maratón del Somontano, 2012.

Esta ha sido mi quinta media maratón (mi tercera del Somontano) y, sin duda, la que me ha resultado más dura de todas, con diferencia. No se si ha sido el calor, la falta de entrenamiento, el exceso de confianza, o, seguramente, una mezcla de estos y otros factores, pero...  hacía tiempo que no las pasaba tan canutas.

Saliendo de Barbastro, todavía frescos . Muchos no imaginábamos lo que nos esperaba. (Foto J. Ribera)

En la salida nada hacía presagiar lo que me esperaba en las siguientes dos horas.  Me junté con mi amigo Antonio e iniciamos la carrera alegremente en medio del pelotón. Antes de llegar al paseo del Coso me di cuenta de que se había quedado algo rezagado y seguí para delante. Estaba claro que el ritmo que llevaba de 5m/km era demasiado rápido y habría que ir aflojando. ¡Y vaya si tendría que aflojar! Al poco de salir de Barbastro me encontré con Javi que llevaba el globo de 1:50 y ya le dije que este año no me veía con fuerzas para seguirle, como hice el año pasado con  su primo y con ese mismo globo. Pero lo que no me imaginaba es que me iba a desmoronar completamente y que iba a ser adelantado por la liebre de 1:55 y, ya al llegar a Pozán, por José Mari, que llevaba el globo de las 2:00 horas y que intentó animarme para que me reenganchara a su grupo. Pero nada. A esas alturas yo ya había perdido la capacidad de regular mi ritmo y por supuesto, de incrementarlo. Solo intentaba seguir corriendo y me consolaba la idea de que, cuesta abajo y con algo de sombra, quizá podría llegar a la meta. Ya antes de llegar a Pozán la oscura idea de retirarme había empezado a rondarme de manera insistente.

La bajada no me dio la tregua que necesitaba. Sólo  recuperé un poco el resuello con el cuarto de naranja que me dieron en un avituallamiento. De los botellines de agua apenas probaba unos sorbos, y eso que me paraba unos segundos para evitar atragantarme. Antes de llegar a Castillazuelo me emparejé con un corredor que me pareció  iba más o menos como yo y empecé a darle palique, entrecortadamente, con la esperanza de tener alguien al lado con quien compartir el tramo final que se me antojaba iba a  ser muy duro. Afortunadamente, Juanma, así se llamaba el  paciente chico de Tarrasa que me acompañó hasta Barbastro,  fue un gran apoyo para mi. La conversación no fue muy fluida, la verdad, pero cuando le balbuceaba - No puedo más. Tira tu Juanma, que yo me quedo-  el me decía - Venga! Que ya solo quedan 5 km! ,4.. ,3- Quizá en algún momento intercambiamos el guión.  Para animarnos descontábamos el último km, contando que en Barbastro el público nos llevaría hasta la meta de un modo u otro. Veía a lo lejos el Silo y la torre de la Catedral. Me parecía imposible llegar hasta allí. Estaba completamente agotado.  Me vino a la mente un articulillo que escribí antes del verano sobre lo duro que es correr  y me dije que lo de que cada zancada pone a prueba tu fuerza de voluntad, no lo había experimentado en serio hasta ese momento. ¡Y lo que me quedaba!

Aquí con Juanma a punto de encarar el repecho del silo. Aunque parece que no voy mal, en realidad iba ya muy tocado y no se de donde saqué  fuerzas para  saludar a la cámara. (Foto. J. Latre)

La temible subida del Silo estuvo a punto de ser la puntilla final. Y eso que justo antes me estaban animando un grupo de amigos arengados por Nathalie a los que casi no pude ni mirar para agradecérselo.  Hacia la mitad me puse a dar unos pasos. No podía con mi alma. Suerte que Juanma me dio el último empujón y me hizo volver a trotar. - ¡Venga hombre! ¡Ahora no puedes parar! - Unos metros más de agonía y al final coronamos la subida. El tramo por las calles de Barbastro estaba muy animado, pero casi no pude disfrutar de ese recibimiento, como en anteriores ocasiones. Solo pensaba en que tenía que llegar a la meta como fuera. En el tramo final estaban mi familia y varios amigos. Ni me acerqué a entrechocar sus manos. Sólo podía concentrarme en cruzar la meta. Y al final, ¡La crucé! Con los brazos en alto y totalmente exhausto.

A solo un par de metros de la linea de meta. La foto no es que esté borrosa. Es que  llegué así de hecho polvo. (Foto J. Ribera)

La marca que hice en esta carrera, está 15 min por encima de la del año pasado. Es mi peor tiempo con diferencia. Pero... os aseguro que es la carrera de la que me siento más orgulloso.