miércoles, 8 de junio de 2011

Jumpers, cigalas y otros manjares. Crónica de la 10k Zaragoza 2011

Definitivamente el momento cumbre de la carrera del pasado domingo fue cuando, ya de vuelta a casa en  el bus urbano, me zampé la bolsa de Jumpers que había en el lote que nos dieron tras cruzar la linea de meta. Me la comí con la misma ensimismada avidez y con la misma  indiferencia por la información nutricional que tendría  un niño ante semejante festín. Un gustazo, vaya, que compensaba con creces todo el esfuerzo anterior. Pero.. recapitulemos un poco..

Fase de entrenamiento
La preparación de la carrera durante las semanas previas, siguiendo mi habitual método, había sido mas bien caótica. La verdad es que tras la media maratón de Zaragoza, de la que salí bastante satisfecho, no acababa de sentirme bien del todo. Al salir a correr sentía las piernas pesadas y me costaba encontrar el ritmo. Pero bueno, tampoco le di mucha importancia al asunto. También tuve algún día bueno, como los que salí con el grupo 7:45.

Este es el río Valartiés en Artiés. En el valle de Arán. Una día, aprovechando que estaba allí por temas de trabajo, salí a trotar a las 7 de la mañana por la zona.  ¡Como se nota la altura! 45min a trote cochinero y acabé con la lengua fuera. Eso sí, el paisaje   magnífico.

Vísperas
Sucedió que el sábado 4, víspera de la carrera, estábamos invitados a la comunión de un sobrino segundo por parte de mi mujer en Binaced. Tras intercambiar opiniones y mostrar algunas reticencias por mi parte, decidimos que había que ir y punto.

El banquete, mega boda-style con cortador de jamón incluido, se celebró en esta sala que es una de las muchas que hay en "La Fon del Nastasi", todo un emporio de la restauración masiva. Iba dispuesto a pedir el menú infantil, a base de macarrones, que hubiera sido lo mas adecuado para preparar el cuerpo de cara a la carrera del día siguiente, pero  la mirada que me dirijió mi mujer al insinuarle mis intenciones me hizo reconsiderar en el acto  mi posición. Circunstancia esta que se vió  consolidada al exponerse ante mi aquel despliegue de viandas a cual mas apetitosa. Total que, desechado el tema de la pasta me propuse como objetivo mas asequible no probar los embutidos ibéricos ni los quesos curados ni los vinos. Esto último sobre todo por que había que volver a Zaragoza esa tarde.

He de decir que cumplí, casi completamente, mis propósitos. Aun con esas dolorosas renuncias la comida fue claramente a pantagruélica. Y no soy de los que les gusta dejar comida en el plato. Mientras rechupeteaba una cigala me vino a la mente la escena del bautizo del Padrino II que ya comenté en un post anterior y que, por alguna razón, se ha convertido en una especie de Pepito Grillo que me asalta a la mas mínima. En fin.

A eso de las ocho de la tarde, con el solomillo y la tarta todavía en las primeras fases de la digestión, cogimos el coche y enfilamos carretera hacia Zaragoza. Suerte que me tomé dos cafés cargaditos.

Cuando llegamos  fuimos directamente a casa de mi amigo Tito, al que había dejado encargado de recoger el dorsal y demás. Al llegar vi que no estaba. Debería haberle llamado por teléfono con antelación. Total que quedamos que pasaría el domingo antes de la carrera. Un pequeño contratiempo.

El día de la carrera
A las 7:15 de la mañana ya me había zampado mi tazón de cereales con leche (sin apenas hambre en esta ocasión) y me fui a coger el bus para ir a casa de Tito a por el dorsal (está en la otra punta de Zaragoza). ¡Santo barón! Medio dormido y en pijama me abrió la puerta al primer timbrazo, me dio la bolsa y me deseó suerte sin despotricar ni ponerme mala cara. Eso es un amigo.
Después de un periplo en Tranvía,  en bizi y caminando, llegué por fin a la linea de salida a eso de las 9h. Me puse el dorsal y dejé el chandal y demás en el guardaropa. Me encontré con Fernando y me dijo que iba a ir, con otro colega a por el globo de 45'. Lo vi un poco temerario pero me disponía a seguirles cuando me topé con Pedro J. y otros integrantes de 7:45 que pensaban ir un poco mas despacio y me pareció mas prudente ir con ellos.

La carrera en sí
Salí de muy atrás, y me pasé toda la carrera intentando conectar con el globo de 55', que alcancé a los 4 o 5 km, y después con el de 50', al que ya no pude dar caza. La aglomeración de corredores complicaba bastante las cosas. Durante la segunda parte de la carrera empecé a sufrir. El solomillo, las cigalas y el mojito del día anterior me pasaban la correspondiente factura. No obstante aguanté el tipo hasta el final sin perder demasiado los papeles. No pude bajar de 50' (50'38'' de tiempo neto y 52'16'' oficial). Otra vez será. 

Al fin, mientras me iba comiendo la naranja, el plátano y me bebía el botellín de agua que nos habían dado al cruzar la meta, empezó a invadirme esa embriagadora sensación de bienestar que emborrona de un plumazo los malos ratos pasados transmutándolos en  duras pruebas que ha valido la pena superar.
Y aún me reservaba la bolsa de Jumpers.

viernes, 27 de mayo de 2011

Fotos grupo 7:45

Esta semana, entre el examen de inglés que tuve el martes y que desde el miércoles he estado fuera por temas de trabajo, no he podido, hasta ahora, poner las fotos que hice el domingo con una buena parte del grupo 7:45. Salí con ellos los dos días, sábado y domingo, por la zona de los Galachos de Juslibol. 

Ahí van esas fotos:

 Bordeando el parque del agua hacia los galachos.

 Ascensión a la cuesta "de la cadena". Aquí se va entrando en calor.

Desde ahí arriba la vista de Zaragoza es estupenda. Mi nokia se queda algo escaso de pixeles para una panorámica como esta, pero se puede hacer uno a la idea. 

Foto de grupo desde un mirador con los galachos al fondo.

martes, 10 de mayo de 2011

Una carrera perfecta. Crónica de la media maratón de Zaragoza, 2011

El sábado, siguiendo los consejos de revistas y blogs especializados, a parte de mi excursión en tranvía, de la que hablé en mi anterior post, me lo pasé casi en su totalidad tirado por los sofás de casa. Eso sí, no descuidé  la recarga de hidratos de carbono y sales minerales a base de arroz con tomate y sopa  de pasta maravilla. Hay partes de la preparación  para una carrera que me tomo muy en serio.  

Tras un día tan intenso, el domingo me levanté a las 6:45 y para recuperar energías, siguiendo con el plan previsto, me desayuné un plato sopero de cornflakes  con leche y colacao. Pletórico, llevé a mi hijo pequeño en coche hasta la Romareda, desde donde salía de excursión hacia los ibones de Anayet. Un sitio espectacular. Volví a casa con el tiempo justo para ponerme de corto y lanzarme a la calle otra vez. Había una especie de niebla y la temperatura era bastante fresca, así que, me tuve que coger una chaquetilla y una mochila en contra de mi idea inicial de ir a cuerpo. Haciendo uso de mi tarjeta ciudadana, me hice con una bici y pedaleé a buen ritmo hasta el puente de Santiago, donde la aparqué.


Con las piernas al aire y en bici pasé algo de frío, la verdad, así que enfilé hacia la calle Alfonso a paso ligero (tampoco era cuestión de echarse a correr antes de hora, ya tendría tiempo de calentar en la propia carrera) y llegué a la Plaza de España a eso de las 9h. El ambiente en todo Independencia era excelente. Cientos de corredores trotando, estirando, o agazapados al calorcillo de un rayo de sol. Me fui en busca de la zona de vestuarios y dejé la mochila con la chaqueta dentro. Todo estaba perfectamente organizado. 

De vuelta a Independencia deambulé un rato por allí hasta que me encontré a Manu y Nacho de Barbastro.  Un par de tíos estupendos. Como hice pegado a ellos mi primera y única media hasta la fecha (la del Somontano), a parte de la San Silvestre, también de Barbastro, no dudé en emprender la carrera  a su lado. Por allí estaba también Javi y unos cuantos barbastrenses mas con los que nos hicimos unas fotos de grupo:


Por si las moscas, hice un último pis-stop, como dice el amigo Chema,  en las cabinas colocadas a tal fin. Eran las 9:27. 

Escasamente tuve tiempo de colocarme junto a Nacho y Manuel y  de poner en marcha mi Garmin cuando  se dio las salida. Como estábamos casi al final de todo tardamos minuto y medio en pisar la moqueta y oir el pitido de nuestro chip. Hasta que empezamos a bajar por Constitución íbamos bastante lentos intentando no tropezar con el personal. Las condiciones para correr eran perfectas: temperatura fresquita, nada de viento y gran parte de recorrido a la sombra de  árboles o edificios. Y encima público animando todo el recorrido. Creo que nunca me había sentido tan a gusto corriendo. 

Además mi plan intensivo de descanso y alimentación estaba dando sus frutos. Me sentía de maravilla. A los dos o tres km, al ver que Manu y Nacho no iban tan ligeros y no sin cierto remordimiento, los dejé atrás y me lancé  a la caza del globo de 1:55 que se veía a lo lejos. Iba como un loco. Mi Garmin marcaba ritmos entre 4:40 y 5:10. Por suerte me había olvidado de ponerme el pulsómetro. Ojos que no ven, corazón que no explota. Me hubiera acojonado ver la patata rondando las 180 rpm. Pero como me encontraba bien, pues a tirar  pa' lante. En alguna de las revueltas vi a Ignacio por delante del globo de 1:45. Pensé que si  hubiera salido a su lado podría estar en esa posición con el ritmo que llevaba. Pero bueno, yo a lo mío que era adelantar gente. Así pasé al globo de 1:55 y me puse a perseguir al de 1:50 que ya se había alejado bastante. Lo alcancé allá por el km 12 o algo así. No se si mi Garmin se despistaba con lo edificios o que, pero  aunque marcaba en torno a 5:00 de ritmo, me costó un montón dejarlo atrás. Cuando llegué a los últimos 3km empecé a acusar un poco el esfuerzo, pero aun me reanimé y esprinté en los últimos 200m al ver a Mº José y Alberto animándome desde las vallas.

Fue un subidón atravesar la meta viendo los dígitos en 1:49:38. Una mejora de 5 minutos respecto de la media del Somontano. Éxito total. Y mas habiendo salido tan atrás. 
Globo de 1:45. Ten mucho cuidado.Voy a por ti.

Pd.
Para rematar la faena, mi mujer, mi hijo mayor y yo, nos dimos un homenaje en vida en "El Calamar Bravo", cumbre gastronómica del tapeo zaragozano, que digo zaragozano, ¡mundial!, que todo ser humano debería visitar al menos una vez en la vida.

sábado, 7 de mayo de 2011

A por el dorsal para la media maratón, en tranvía.

Hoy, aprovechando que había acompañado a mi hijo a jugar un partido de baloncesto junto a la Romareda, he utilizado el tranvía de Zaragoza por primera vez. La experiencia ha sido mas que positiva. Todos los recelos y prejuicios que arrastraba tras un par de años de engorrosas obras, polémicas por el elevado coste, inconvenientes para el tráfico en coche, etc. etc., se han desvanecido de repente en cuanto me he plantado en el andén. 

Las vías tapizadas de verde césped, junto con el ambiente lluvioso me han trasladado inmediatamente a alguna sobria y civilizada ciudad del centro de Europa:


Con la llegada del convoy , a lo de "sobria y civilizada" le he añadido también "moderna".






Ya en el interior me ha sorprendido el cómodo acceso (podría entrar un niño pedaleando en su triciclo) y lo espacioso que es. En marcha, lo suave, rápido y silencioso.

Total que he desembarcado en  la plaza Paraíso con una agradable sensación de orgullo  maño no demasiado habitual en mi.

De camino hacia las oficinas de la CAI en el paseo de la Independencia, para hacer hora, me he tomado un cortado y un churro  en "Los Italianos" al tiempo que hojeaba  el Marca con el mismo interés que uno examina la etiqueta de un champú anticaspa,  en  otro tipo de situación, a falta de algo mas interesante que leer. 

He recogido el dorsal  sin hacer cola ninguna y he vuelto a tomar el tranvía antes de que transcurriera una hora desde que lo hice por primera vez en la Romareda, por lo que no me ha supuesto coste adicional.  Todo con la tarjeta ciudadana, que me sirve también  para el bus,  la bizi , bibliotecas, instalaciones deportivas municipales, etc.

Esta mañana todo parecía funcionar según lo previsto. Veremos si mañana sucede lo mismo, en la media maratón. 





domingo, 1 de mayo de 2011

El gran Manuel Secanella y la carrera más extrema.

Manuel no era un un atleta al uso. De hecho, aunque llevaba una vida bastante saludable, no fumaba, no bebía alcohol, ni siquiera café (solía tomarse  una infusión o un colacao a media mañana), últimamente no practicaba ningún deporte de forma habitual. Donde si destacaba Manuel era en el ámbito profesional y académico. Fue un estudiante muy brillante, lo que unido a una capacidad de trabajo poco común le permitió forjarse en pocos años una carrera profesional impresionante. Con cincuenta y tres años ya era Comisario Adjunto, uno de los puestos de mayor responsabilidad de la CHE. 

Pero volviendo al deporte. Una de las actividades a las que Manuel prefería dedicar sus periodos de vacaciones era la de acompañar a su primo Miguel y otros barbastrenses en sus largas travesías en moto. Manuel se ocupaba de la parte logística y demás conduciendo su VW Golf por las carreteras de media Europa.

El caso es que hace un par de años, sin comerlo ni beberlo, Manuel se encontró con que estaba inscrito en la carrera mas extrema y cruel que uno pueda imaginar. El dorsal, el chip, y los imperdibles se los entregó directamente su oncólogo tras las pruebas pertinentes. La carrera había comenzado.

Manuel asumió el dificil e inesperado reto con una entereza y deportividad encomiables. Y lo que es mas complicado, continuó con ese mismo espíritu hasta el final. La prueba estaba llena de obstáculos muy duros intercalados con algún  momento de falso llano. La primera operación, las primeras sesiones de quimio, no hicieron sino fortalecer el ánimo de Manuel que aprovechaba el tiempo libre  para seguir estudiando. Era Ingeniero de caminos de profesión, pero aun tuvo tiempo de finalizar sus estudios de ingeniería informática en la UNED y de matricularse en Ciencias ambientales que cursó hasta el último momento con el entusiasmo y brillantez de siempre.

Recuerdo que en una de nuestras conversaciones, hace un año mas o menos, le dije que su caso podía ser análogo al de Lance Amnstrong pero en el ámbito intelectual. Manuel sonrío complacido al oír aquello. Sin duda su espíritu de superación y lucha podrían ser equiparables.

Mas tarde llegaron otras operaciones cada vez  mas agresivas, hígado, pulmón, y sesiones aún mas extenuantes de quimio, que Manuel afrontaba con la flema de un lord británico. Sin perder la compostura en ningún momento. Nunca se quejó de su mala suerte ni se le vio llorar o lamentarse. 

Durante las últimas semanas, cuando el agotamiento era ya tan visible que todos a su alrededor empezábamos a alarmarnos seriamente, el seguía acudiendo a trabajar todos los días. Como físicamente no podía ya coger el autobús como era su costumbre,  se pagaba el taxi de su bolsillo. Así era Manuel.

Hasta los últimos días Manuel no le dijo a su madre que el final era ya inminente, aunque seguro que ella lo debía intuir. No quería que sufriera. Era viuda y el era su único hijo.

Si alguna vez me toca enfrentarme a una carrera tan dura como la que le tocó correr a Manuel me gustaría tener al menos una parte de su entereza y dignidad. 

Gracias por tu gran ejemplo Manuel.
Todos los que tuvimos la suerte de conocerte de cerca  nunca te olvidaremos.

  

lunes, 25 de abril de 2011

Mi Garmin FR 110. Sencillo y eficaz.

Hace unos días, a cuenta de mi cumpleaños, mi mujer e hijos me regalaron este juguetito que deseaba  desde hacía algún tiempo.


Mi Garmin 110 tiene un tamaño similar a un reloj convencional y es mucho mas ligero que cualquier peluco metálico de tamaño medio. Esto lo podéis ver en la siguiente comparativa:


El tamaño es solo un pelín mayor que un reloj normal, pero nada exagerado:


Si es un poco mas grueso, pero una vez puesto no tienes la sensación de llevar un caharro raro en la muñeca. Os lo puedo asegurar:


Desde que cargué su batería de Ión-Litio por primera vez, hace 12 días lo he llevado en la muñeca como reloj normal y he hecho en total cerca de seis horas de entrenamiento con el GPS y el pulsómetro funcionando.

Las pantallas de entrenamiento son dos, que se pueden intercambiar pulsando el botón rojo. Se diferencian en que en una de ellas aparece en el centro el tiempo transcurrido y en la otra el pulsómetro. En ambos casos arriba aparece la distancia recorrida en km con aproximación al decámetro y debajo el ritmo en minutos/km (u opcionalmente en km/hora)

En cuanto a la medición del ritmo es importante decir que el aparato da promedios según los intervalos (vueltas que hayamos definido por defecto) Podemos definir intervalos entre 400m y 2km. En estos casos nos va marcando el ritmo del último intervalo. Si desactivamos los intervalos simplemente nos da el ritmo medio desde que hemos empezado.



Se puede ver  el resumen de los entrenamientos realizados en los que aparece la siguiente información:
  • Km recorridos
  • Fecha
  • Tiempo de entreno
  • Pulsaciones medias
  • Calorias consumidas (para este cálculo hemos tenido que introducir previamente al configurar el aparato nuestra edad, peso, etc.)
  • Ritmo medio

Aquí se me puede ver correteando feliz con mi Garmin por el camino de la Boquera de Barbastro.


Conclusiones:

Desde mi punto de vista es un aparatito, sencillo pero que funciona de maravilla. Y con el aliciente de que te sirve como reloj de pulsera. No he detallado todas las características, pero por supuesto puedes descargar los datos en el ordenata y ver toda clase de gráficos y tablas, etc.

Eso si, se cansa uno lo mismo que cuando vas sin gps. No obstante lo de saber la distancia exacta y el ritmo que llevas, a parte de ser algo casi mágico, sinceramente creo que es la mar de útil. 



Mas cosas acerca del Garmin FR 110 (Resolución de dudas):

En el supuesto de que alguien haya leído esto, si de verdad está interesado en adquirir este aparato, seguramente querrá saber mas cosas sobre él. Hay cientos de páginas, incluida claro está, la propia de Garmin, en las que podéis encontrar descripciones mucho mas detalladas que la de esta entrada. Aún así siempre suele quedar alguna duda sobre alguna funcionalidad concreta. Si ese es vuestro caso, me comprometo a responderla, en la medida de mis posibilidades, haciendo la prueba a medida si es necesario.

Personalmente recomiendo la tienda online de travinautic. Es lo mas barato que he encontrado y aparte de no tener costes de envío, en dos días tienes el pedido en casa.



miércoles, 6 de abril de 2011

Del Delta a Juslibol pasando por Sicilia. Crónica de la carrera del Ebro 2011.

Esta semana pasada finalizaba mi plan de entrenamiento para la carrera del Ebro. Como casi siempre, hubo una serie de circunstancias que me impidieron seguir los planes previstos. Pero, ¿que otra cosa es la vida, si no eso que va sucediendo mientras hacemos nuestros propios planes? No recuerdo quien es el autor de esta frase pero la asumo sin titubeos desde que la oí por primera vez. 

 
Esto puede parecer una perogrullada, pero por clarificar conceptos, aquí pongo una gráfica de una semana que podríamos calificar como "normal", en la vida de una persona corriente como yo, en la que se puede apreciar la diferencia entre lo previsto (azul) y lo sucedido (rojo). Lo interesante del asunto es que, a pesar de los momentos malos como el "E", el "F" o el "G"  hay otros como en "C" y "D" en los que aún estando por debajo de las expectativas, uno puede llegar a sentirse mejor que si todo hubiera salido como preveíamos, debido al efecto positivo de haber superado una situación peor. Etcétera.

A lo que iba. El miércoles tuve que desplazarme al Delta del Ebro y tuvimos que hacer noche en San Carlos de la Rápita. No me llevé las zapatillas porque la agenda era un poco apretada. El viaje no estuvo mal. Un poco pesado por los kilómetros, pero interesante.
 
 
Uno de los trabajos que realizamos se situaba justo antes de la desembocadura, frente a la Isla de Buda. En la foto, junto a mis compañeros y amigos Jesús y Millán.
 
 
Y llegó el día de la carrera.

Por suerte, las previsiones meteorológicas (respecto del tiempo que va a hacer en realidad) siguen un esquema similar al plasmado más arriba. Amaneció una mañana estupenda que se consolidó a lo largo del día. A las 7, siguiendo la recomendación de hacerlo 3 horas antes de la salida, me desayuné (¿que os pensábais) con un tazón de leche con colacao y una generosa cantidad de galletas y tostadas. También me bebí un vaso de zumo.
 
Cuando volví al salón, dispuesto a tumbarme en el sofá y poner la tele para hacer hora, me encontré a mi hijo mayor que, por sorpresa,  ya había tomado posiciones y empuñaba en una mano el mando del video y en la otra el de la tele. Estaba viendo "El padrino". Por no discutir a esas horas de la mañana decidí unirme a la fiesta. Es sin duda una gran película. Aunque creo que nunca he visto entera ninguna de sus partes. Aun así,  cada vez que veo un fragmento me zambullo de lleno en esa trama como si fuera uno de los personajes. Da igual que no sepa que pasa exactamente ni de quien están hablando o a quien acaban de matar. El ambiente es tan seductor. ¡Ah! ¡Y esa música... !
Una de las escenas que disfruté en esos momentos previos a la carrera fue la de cuando está Pacino bautizando a su hijo con todo el boato y mientras el cura le va diciendo... -¿Renuncias al Mal?  - Si. Renuncio, - ¿Renuncias a Satanás? - Si. Renuncio, etc., mientras tanto, decía,  sus esbirros van asesinando, eso si, con suma eficiencia y profesionalidad, a una serie de señores con los que el renunciante debía tener, supongo, alguna seria discrepancia. Sublime.

A eso de las 9 salí de casa y me fui andando/trotando hasta las pistas de atletismo para recoger el dorsal (vivo a menos de 1 km). Había unas colas considerables y poco estructuradas. Cuando llevaba un cuarto de hora, mientras saludaba a Eva y Antonio, de 7:45, me dijeron que si había mirado las listas para ver qué mesa me correspondía. Ni idea. Me fui a ver las listas y cuando volví me coloqué otra vez al final de la cola. Soy muy mirado para estas cosas. El personal se iba apelotonando cada vez más y la cola no avanzaba demasiado. Faltaban 20 minutos para la salida cuando conseguí mi dorsal. No quedaban imperdibles, así que me fui a casa  y con la camiseta encima de la mesa procedí a su colocación con tranquilidad. A las 9:55 ya estaba en la parte trasera de la zona de salida.  Todavía quedaba bastante gente en las colas. Al lado mío había uno que se quejaba por lo de la falta de imperdibles y que iba a correr con el dorsal enrollado a modo de testigo de relevos.  En ese momento pensé que si en la organización de un evento como este (en esta ocasión era el ejercito, nada menos, el que se hacía cargo del asunto)  en el que se conoce con antelación el nº de participantes, etc., se presentan múltiples incidencias, ¿qué puede pasar en una situación de catástrofe? No le di muchas vueltas al tema.

10:20 h. Por fin se da la salida. Ignacio acaba de llegar y se para a colocarse el chip  mientras todo el mundo empieza a correr. Me quedo a esperarle y al final nos ponemos en marcha por la parte trasera del pelotón. Lo de la salida neutralizada no tiene ningún efecto práctico. La gente corre normalmente desde el principio intentando no tropezarse con los de al lado hasta que empieza a estirarse un poco la cosa en las primeras cuestas.
 
Como no tenía mucha idea de como iba a encontrarme, para variar se podría decir que todo fue según lo previsto. Las cuestas se notaban pero íbamos adelantando a bastante gente. Hacia mitad de la subida dejé a Ignacio y me fui para delante . En la zona de bañeras no tuve problemas. Donde mejor me lo pasé fue en las bajadas. Iba lanzado subiéndome por los rastrojos para pasar al personal sin frenar. Una pasada. Así hasta la cuesta final. Allí, algunos subían andando los metros finales. Yo aguanté bien. Hasta pensé en hacer un sprint hacia la cima. Pero me lo pensé mejor. A ver si me iba a dar un jamacuco por hacer el tonto. El descenso final, disfrutando a tope. Luego, los últimos km en llano se me hicieron algo largos, la verdad. En esa parte me adelantaron algunos de los que yo había adelantado antes.  Al final, ya en el tartán, me puse en paralelo con un chico con el que estuvimos hablando un poco y cruzamos juntos la línea de meta quedando  así tácitamente hermanados para siempre.

Otra vez largas colas para dejar el chip y recoger la bolsa de regalos.  Me salí de la fila, me comí la naranja y me bebí el gatorade tirado por la hierba. Ya repuesto, aprovechando que Ignacio continuaba en la cola me acerqué a cambiar impresiones y me colé como quien no quiere la cosa. Después de una carrera uno se permite ciertas licencias.

Con Ignacio, felices y contentos tras la carrera.


Contenido de la bolsa. El desayuno de combate causó gran impresión a mis chicos. El bastón tiene buena pinta. Si le gusta se lo regalaré a mi padre.


El colofón perfecto: Mi mujer nos obsequió con una de sus suculentas paellas. Mas tarde, ya  en el sofá, me dejé llevar por un dulce sopor arrullado por el cada vez mas lejano ronroneo de las motos en el circuito de Jerez.  Nunca me acunó nana mas tierna.