El que haya nacido yo precisamente allí, en la capital del Somontano, podría considerarse circunstancial. Los hechos son los hechos. Habrá variedades por el mundo de gran calidad, seguro, pero una tan especial y exquisita, permítanme dudarlo.
Sin embargo, en el tomate rosa la distribución de las semillas es mucho más homogénea. Se podría comparar con la infiltración de la grasa en un jamón de bellota, que poco se parece a la de un jamón serrano normal. Pero además, ocurre que toda la pulpa del tomate rosa tiene un sabor y un aroma inigualables, a pura huerta, y su textura es tan suave y delicada que recuerda a la de un melón en su punto. Quien lo ha probado lo sabe. Y la mejor manera de catarlo, como no, es la más simple: aliñado con aceite de oliva y aromatizado con un poco de ajo picado:
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Así, partido en trozos generosos, se aprecia la homogeneidad de esta increíble variedad hortícola. Es como si trocearas una sandía. Y lo interesante es que todo él tiene ese sabor intenso, fresco y delicado a la vez, que lo hace único. |
Los tomates de este reportaje me los regaló un buen amigo el otro día en Barbastro. Al día siguiente este de arriba fue mi desayuno. Se dice que si te has levantado no muy católico y te tomas esto en ayunas se te arregla el cuerpo inmediatamente. Probablemente. Lo que puedo asegurar es que es una auténtica delicia. Artículos relacionados: Elogio del entremés frente a los entrantes compartidos Borrajas contra la pandemia El calamar bravo El Alhambra |