sábado, 6 de febrero de 2016

Un poco sobre mi madre.

Qué decir cuando se acaba de morir tu madre. Todo sería poco. Por eso sólo quiero reproducir esta breve nota que amablemente me publicaron en el periódico de mi pueblo, Barbastro. Una pequeña ciudad donde mi madre nació y vivió intensamente hasta el último día. Y donde no creo equivocarme si digo que fue feliz, quizá de la única forma en que se puede ser feliz: intentando hacer felices a los demás.



María Jesús Puertas Lagüens. Barbastro, 1931-2016
Publicado en "El Cruzado Aragonés", 5 de febrero de 2016

"María Jesús: el único nombre verdadero". Esa era una de las ocurrencias que solía espetarle mi madre al cura de San Francisco, o al mismísimo obispo si se terciaba, cualquier domingo al salir de misa. En realidad, más que por resaltar que su nombre reunía a los dos principales de la cristiandad, era por entablar conversación. Porque esa era una de sus pasiones. Y no se amilanaba ante nadie. Ya podía estar junto al personaje más insigne. En cuanto veía la ocasión se plantaba a su lado y le soltaba cualquier cosa que viniera a cuento. Porque esa es otra, conocía a todo el mundo y de todos sabía algo de su vida y obra. Y si el protagonista lo requería, le endosaba uno de sus famosos pañitos de ganchillo, de los que hizo y regaló  cientos y cientos entre amistades, conocidos y demás. 
Al ponerlos juntos para hacer la foto me he dado cuenta de que los colores del pañito y de los caramelos coincidían perfectamente. Y es que, en esencia, eran exactamente lo mismo.


Ya en los últimos años, cuando no podía tejer, sustituyó esa especialidad por unos caramelos de gominola, que compraba al por mayor y repartía a diestro y siniestro no solo a los niños con los que se topaba, que eran otra de sus debilidades, sino también al dependiente, al frutero, al técnico de la caldera del gas, al practicante que le controlaba el sintrón... Lamentablemente esta semana pasada, cuando la ingresaron en el hospital, ya no pudo regalarles nada a las enfermeras. Ni enseñarle las fotos de sus nietos a la vecina de habitación, con la que después de mucho hablar seguro  hubiera encontrado algún parentesco en común. Esta vez no pudo ser. Entre lágrimas, al recoger sus cosas, en el bolsillo del abrigo encontré un puñado de aquellos caramelos. Cada uno envuelto en su celofán. Listos para la entrega. Tan dulces y tan tiernos como el amor que ella nos dio, a raudales, durante toda su vida. Un amor tan grande que perdurará para siempre en nuestros corazones.


En 2012, durante un emotivo homenaje que por sorpresa, para mí también,  le prepararon mis amigos con motivo de nuestra entrada en los 50. Fue nombrada simbólicamente "Madre de todos". María Jesús se hacía querer.



11 comentarios:

  1. Muy bonito.
    Te acompaño en el sentimiento de todo corazón.

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  2. Hay que seguir con la filosofía de tu madre "intentar hacer felices a los demás". Por cierto ¡qué buenos son esos caramelos! Un abrazo.

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  3. Gracias Pedro. Efectivamente, eso es lo que hay que hacer. Un abrazo!

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  4. La perdida de una madre es una sentimiento difícil de expresar y tu lo has hecho muy bien. Lo siento de corazón. Un abrazo

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  5. Bonito homenaje Ramón. Un fuerte abrazo.

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  6. Te acompañó en el sentimiento, yo también la conocía y ella también conocía de toda mi familia. Gran perdida....un abrazo para toda la familia.

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  7. Te acompañó en el sentimiento, yo también la conocía y ella también conocía de toda mi familia. Gran perdida....un abrazo para toda la familia.

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