lunes, 23 de diciembre de 2013

¡Que no me toquen los huevos!

Ha salido el sol y parece que se me ha quitado un poco la tontería de la que hacía gala en mi anterior post. Hoy quiero hablar de un tema muy serio: Desde hace unos años  los "huevos rotos" se han convertido en uno de los platos reclamo en restaurantes y chitringuitos de todo pelaje. Supongo que la inusitada popularidad de esta simple e innecesaria  receta  se debe al mundo del famoseo, casa real incluida. Parece ser que esta gente no se había comido unos huevos con patatas en condiciones en su vida y tuvo que pasar por casa Lucio o similares para que se los sirvieran en bandeja y ya medio masticados, no se fueran a atragantar.

Y es que lo que no puedo entender de ninguna manera es qué necesidad hay de que el cocinero de turno te rompa los huevos encima de las patatas. ¿Qué motivo hay para semejante tropelía? ¿Es que  se supone que los comensales no sabemos romperlos con tanta gracia? ¿Es que todo el mundo se ha vuelto loco o qué? 

Unos huevos fritos con patatas y jamón de toda la vida. Ayer los hicimos  y nos los zampamos con mi hijo (él, este plato en concreto y yo, otro igual). Aun me tiemblan las piernas cuando lo recuerdo.

Vamos a ver, toda la vida se ha visto que cuando se hacían huevos fritos para un grupo, nadie en su sano juicio quería el que se le había roto la yema. Da igual que se acabara de romper justo en el momento de echarlo en el plato. Y ahora que pasa, ¿que a nadie le importa que te los destrocen adrede, con saña y si te descuidas delante de tus narices? Venga, no me jodas. La gracia y la grandeza del huevo frito, probablemente el mayor logro gastronómico de la humanidad, consiste precisamente en administrar al gusto de cada cual el modo en que se saborea tan exquisito manjar. Y muy especialmente esto es así en lo tocante a la eclosión de las yemas, auténtico climax sensorial, que puede abordarse de distintas formas; con un pedazo de pan, con una patata frita o incluso con  tenedor y cuchillo (los hay así de salvajes) si así se nos antoja, pero siempre según el criterio de cada uno.  Y no solo la forma es importante, el tempo con el que se degusta el plato tiene igual o mayor trascendencia, y cada uno sabe el ritmo que debe llevar para obtener el máximo placer. Si, exactamente igual que en otros íntimos menesteres. De hecho, cuando hablamos de una ración con dos o más huevos, que es lo normal, y sabemos dosificar bien esos momentos críticos,  la experiencia puede llegar a ser autenticamente  multiorgásmica. El que lo ha probado lo sabe. 

Por eso, dejar que alguien te estropee tan intenso goce, y encima te cobre, no tiene justificación ninguna. Si algún día caigo por un restaurante  de esos de relumbrón, cosa que dudo, y se tercia el tema,  pienso pedir explícitamente "huevos fritos sin romper con patatas" bajo amenaza de cortarle los suyos al cocinero si veo que ha mancillado en lo más mínimo la integridad de los que me sirven. Que no me toquen los huevos. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Niebla

Me gusta la niebla. En Zaragoza hemos estado casi dos semanas metidos en una nube.  Ha sido una pasada. No digo yo que el sol no tenga su utilidad, y que incluso se agradezca en algunas ocasiones, pero como contexto estético, por favor, no tiene nada que ver. "La tristeza genera belleza". Eso me dijo un día  Manuel Vilas cuando estábamos en la residencia de estudiantes. No se si esa frase se la inventó él o es algo que se enseña en las escuelas de poetas, pero es un hecho evidente, al menos para los que tenemos cierta tendencia a la melancolía.

El martes pasado, inspirado por el ambiente particularmente gris,  me quité los guantes y tomé unas cuantas fotos con el móvil de camino al trabajo. Hacía frío a esas horas, y más yendo en bici, pero quería captar algo de esa luz tan especial.


Cruzando el puente de Santiago hice esta foto a una mano mientras pedaleaba. Creía que no saldría nada y sin embargo, no quedó del todo mal.

Independencia. La calle principal de Zaragoza. ¡Qué bien le sienta esa suave pátina gris! ¡Si parece una ciudad del norte de Europea!
¡Ah! Pero todo lo bueno se acaba. Ayer salió el sol. Así sin más. Fue como cuando estás soñando, calentito en la cama, y alguien enciende la luz de la habitación, a mala leche. Muy desagradable. Y para colmo, hoy el cierzo se ha unido a la fiesta. Menos mal que anuncian lluvias para la semana que viene. Y todo volverá a ser triste y hermoso, otra vez.