miércoles, 3 de septiembre de 2014

Correr y vacacionar: una combinación perfecta


Lo que preveía un mes entero sin correr se ha debido quedar en unos veinte o veinticinco días como mucho. No lo se exacto porque ya hace un tiempo (no se cuanto, claro) que en este asunto decidí olvidarme de estadísticas, calendarios, gps, relojes, etc. En lo que se refiere al resto de quehaceres cotidianos no he podido liberarme hasta ese punto, ni creo que pueda en un futuro próximo. 

El tema es que a partir del día 15 o así con eso de que no hacía demasiado calor empecé a notar que ya había descansado bastante. Así que nada, me eché a correr día si día no como de costumbre. Pero lo que no me imaginaba era que los diez días de vacaciones "oficiales" que hemos pasado perdidos (¡sin cobertura!) en un recóndito paraje de la ribagorza se iban a convertir en uno de los periodos más intensos de mi breve historia correcolari. En total creo que fueron 7 los días que salimos a correr puntualmente a las 8 de la mañana. Todo sin planificar nada. Simplemente nos levantábamos y nos tirábamos al monte porque nos lo pedía el cuerpo. Unos días con mi mujer. Otros con mi amigo Reynaldo. Y la mayoría los tres juntos. Josíta, la mujer de Reynaldo, también salía, pero no se atrevía a acompañarnos porque de momento se conforma con salidas algo más cortas. El año que viene ya iremos todos juntos. Seguro.

Uno de los momentos cumbres del día: después de correr y ya bien aseados no hay nada como un desayuno potente, variado y en buena compañía. Para más inri Josita, que llegaba antes a casa, nos hacía gofres y tortitas, cuyo aroma mezclado con el del café y las tostadas era capaz de sacar la cama hasta al más camastrón. Algo espectacular.
El resto del día lo pasábamos entre la piscina, el tenis, el bádminton, que casualmente alternábamos con el visionado de los partidos de la campeona Carolina Marín, y como no, planificando lo que íbamos a hacer para comer y cenar. En eso también andábamos bien surtidos: entre los arroces y las migas de Julio, el pollo al chilindrón y la tortilla de bacalao  de su mujer, Jose, y la fideuá y el conejo con ajaceite que nos preparó la mía, entre otras viandas, fuimos capeando la semana bastante bien, la verdad. Por no hablar de las barquillas de tomate rosa que nos fuimos administrando a diario bien de aceite y ajo. Yo, modestamente, también contribuí  un par de días con el gazpacho y el puré de calabacines, fáciles de hacer pero resultones también.
Y ya por la tarde, después de la obligada siesta, llegaba la hora de la música. Por si fuera poco todo lo demás tuve el privilegio de pegarme toda una semana con Julio y Reynaldo, grandes músicos y amigos. ¡que manera de tocar y cantar!
Para rematar la faena por las noches Rey nos preparaba unos mojitos de ron cubano impresionantes. Solo alguien nacido en el caribe sabe hacerlos así. Y cantar así.

El último día decidimos hacernos una foto de grupo en las escaleras de la casa poniendo caras raras. Nótese la mirada  de los adolescentes de la parte derecha como diciendo: ¿qué hemos hecho para tener unos padres así?

Creo que a medida que he ido escribiendo, los pies de foto se  han ido apoderando de el texto en si. Pero da igual, lo que está claro es que  sin el complemento de la corrienda mañanera no hubiera disfrutado tanto de esos días ni hubiera acabado tan en forma y satisfecho como me encuentro ahora. Ahí queda eso.

6 comentarios:

  1. Vaya ya veo que en Santa Ana, disfruta Jose Ramón....

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    1. Gracias Luis, ya veo que tienes buen ojo.

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  2. Sí, disfrutamos muchísimo. Allí estamos de lo más a gusto.
    Si corro todo este año, a lo mejor os acompaño al año que viene, a las 8h!!!

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    1. Gracias! El año que viene repetimos y seguro que nos acompañas por la mañana.

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  3. El mes de vacaciones suelo aprovecharlo para salir a correr casi todos los días, preparará o no una carrera, es lo de menos, el desayuno y el periódico completan una buena forma de empezar cada día.

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    1. Así es Pedro. La mejor manera de empezar el día.

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