jueves, 17 de julio de 2014

Los móviles y otros grandes avances de la telefonía.

El otro día, mientras  esperaba el tranvía, me encontré de frente con uno de los efectos colaterales más perniciosos de la tecnología móvil: Un tipo solo hablando a voz en grito y gesticulando como si estuviera en el plató de “Sálvame”. Un espectáculo de por sí bochornoso. Pero con la peculiaridad de que a menos que uno esté muy cerca del individuo en cuestión, no se sabe a ciencia cierta si el pobre diablo es un enajenado mental en pleno diálogo interior, lo cual lo exculparía de todo cargo, o lo que desgraciadamente es más habitual, un maleducado integral que, a falta de nada mejor que dar al mundo, pretende hacer creer a quien se encuentre en un radio de 25 metros que su ajetreada vida le exige estar en todo momento conectado al manos libres, no vaya a ser que se hunda la bolsa por no haber atendido a tiempo una llamada. Patético.

Este episodio me hizo recordar otro ocurrido allá por los años 90, cuando los móviles todavía no existían. Por circunstancias había puesto mi piso en alquiler. En el anuncio del periódico figuraba lógicamente el teléfono fijo. En aquellos tiempos el contestador automático todavía no era afortunadamente un servicio prestado amablemente por la compañía telefónica quieras que no, sino  que consistía en un aparatito que enchufabas cuando querías y cuando no pues lo apagabas. Yo tenía uno. ¡Que tiempos!

Un contestador automático de los años 90. En su momento fue una revolución. No creo que, salvo Paqui y alguna otra mente preclara, nadie imaginara en aquella época lo que estaba por venir.

El caso es que tras varios días sin aparecer por casa nos acercamos mi amigo Joaquín y yo a ver si había alguna llamada interesándose por lo del piso. Le dimos al "play" y escuchamos las grabaciones. Había bastantes. Muchas sin interés. Pero la que nos hizo reir y nos conmovió al mismo tiempo y hoy todavía recordamos bastante a menudo, es la que intentaré transcribir a continuación:

-Click
-Este es el contestador automático del 97431... , si quiere dejar algún mensaje hágalo después de la señal. (Esto es lo que oiría más o menos la persona que dejó el mensaje)
-
-
- piiiiiiiip
-
- Cloing Cloing (ruido de monedas tragadas por el aparato de una cabina telefónica)
- ¡! (Alboroto que denota dos o tres mujeres dentro de la cabina)
- ¡Oigaaaa! (Con voz suplicante y un tanto descompuesta)
- ¡pero no ves que no hay nadie, Paqui, que es un contestador de esos! (La que asesora a Paqui por detrás)
- ¡Hostia puta, pues se me ha tragao una moneda de 500!
- ¿Que has echao cien duros? ¿No tenías na más pequeño o qué?
- ¡No, no tenía otra cosa joder! (aumenta el alboroto en el hábitáculo)
- ¡Pues dí algo Paqui!
- ¡Qué voy a decir...no ves que es una máquina!
- ¡Ayyyyyyyyy! (Voz lastimera, casi un llanto)
- ¡Esto es la perdición del ser humano! (con la misma voz lastimera)
- click
-
- tu tu tu tu tu.. (Han colgado el teléfono)

Desde ese día la última frase de Paqui se ha convertido para mi amigo Joaquín y yo casi en un mantra, un comodín que usamos habitualmente y que cuando estamos juntos surge al unísono cuando nos topamos con cualquiera de los múltiples desatinos que lleva aparejados el vertiginoso progreso tecnológico en el que  intentamos sobrevivir día a día.

¡Ah Paqui! ¡Cuantas veces nos hemos acordado de ti! 

2 comentarios:

  1. Estoy con la Paqui, la perdicion de los pocos seres humanos que van quedando. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jeje, Paco, ya me parecía que estarías conmigo en este tema. Saludos!

      Eliminar