sábado, 15 de diciembre de 2012

Garantía Garmin

Lo prometido es deuda.
Hace unas semanas hablé de que se me había roto la correa de mi Garmin FR110 (después de un año y medio de uso) y de lo bien que se corría sin estar pendiente del cuentakilómetros y demás. Allí mismo dije que me había puesto en contacto con el fabricante para intentar solventar el tema y que ya contaría como acababa el asunto.

Pues bien. Lo cuento:

A los dos días de hablar por teléfono con la delegación en España, que figura en el apartado soporte de la página de Garmin, recibí un correo electrónico con instrucciones concretas. Debía enviarles por email la factura escaneada y el número de la unidad (que figuraba en la propia factura). Dos días después de enviarles esa información  recibí otro correo en el que se me indicaba el número de referencia  RMA  que debía anotar en el paquete en el que debía enviarles el reloj a la dirección que me indicaban. De lo único que me tuve que preocupar fue de empaquetarlo, ya que los gastos de envío corrían por su cuenta.

Entregué el paquete un jueves en la empresa de mensajería que me indicaron. El lunes siguiente, mientras veía el telediario de la tarde, llamaron al timbre: Un paquete algo más voluminoso y pesado que el que yo había enviado:

  
Y es que me habían enviado un reloj nuevo con todos sus accesorios, banda pulsómetro, cargador, cables, etc.

Ojala todas las empresas tuvieran un servicio postventa así.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Castillazuelo-El Pueyo. Ida y vuelta por 5€ todo incluido. ¡Un chollo de carrera!

Este sábado participé por primera vez en esta coqueta carrera campestre, corta pero intensa, que se celebra en pleno somontano de Barbastro. Me apunté  media hora antes de que finalizase el plazo de inscripción y no me arrepiento de haberlo hecho.

El día de la carrera, a eso de las 9 me desayuné con un tazón de chocolate con picatostes. Fui generoso con ambos ingredientes. No se si es el desayuno más adecuado antes de una carrera, pero me sentó de maravilla. Luego me asaltaron las dudas de siempre: ¿Pasaré frío si voy de corto? ¿Camiseta térmica de manga larga ó manga corta y chaquetilla?  Como me había olvidado los pantalones cortos en Zaragoza, la parte de abajo dejó de inquietarme. Para la de arriba me decidí por la chaquetilla, que siempre me podría quitar y poner con facilidad si hacía falta.

Mi buen amigo José Manuel me llevó en su coche hasta Castillazuelo. Nada más llegar me encontré a varios colegas en esto del correr y del bloguear, como el Sr. Ornitorrinco y  Agus, que han escrito sus respectivas y personales crónicas sobre el evento. Poco antes de salir me di el gustazo de trotar un rato al lado de Goyo, leyenda viva del atletismo barbastrense, mientras charlábamos sobre el recorrido y demás. Un gran tipo este Goyo.

En la linea de salida la chaquetilla no me estorbaba en absoluto. Allí me junté con Manu y Nacho, con los que suelo coincidir desde mis inicios en esto, y nos echamos a correr desde las últimas posiciones. Entre todos me habían acojonado un poco con la dureza de la subida al Castillo, a pocos metros de la salida, pero pude coronar sin problemas y sin  echar pie a tierra. Todavía iba fresco. El resto de la subida al Pueyo, era un continuo sube y baja pero con más "sube" que "baja". El último tramo antes de la "escalada" final al monasterio es el que se me hizo más duro. Un par de repechos doblegaron mi voluntad y me hicieron subir andando unos cuantos metros. Eso si, me aseguré de que no hubiera fotógrafos a la vista. Uno tiene su orgullo. 


En una de las última rampas de subida al monasterio del Pueyo estaba Pepe Cubelos inmortalizando el momento. ¡Gracias por la fotos Pepe!

Después de beber y  recuperar un poco el aliento caminando, me lancé cuesta abajo de vuelta a Castillazuelo. Detrás aparecen Manu, Olga y Ana, tres pedazo de corredores con los que compartiría todo el descenso. 
Bajando a galope tendido oí que venían por detrás un par de corredoras que no parecían tener intención de aminorar la marcha para llevar una conversación -digamos- sosegada. Cuando se pusieron a mi altura identifique a Ana B., a la que ya conocía de otras ocasiones y que iba acompañada de otra chica, que luego me dijo que se llamaba Olga. También bajaba Manu bastante lanzado. Así que me integré en ese cuarteto con el propósito de hacer más llevadero el trayecto de vuelta. 

Total que iniciamos la bajada juntos, pero de tranquilos, nada. Algo me dijo que en ese momento  empezaba de verdad nuestra particular carrera. Antes de llegar a las faldas del Pueyo ya se iniciaron las hostilidades. Tácitamente me dio la impresión de que nos dividíamos en dos equipos "rivales": Olga y Ana contra Manu y yo. Ana y Manu no se mostraron, al menos abiertamente, muy implicados en esta "competición", salvo porque los dos corrían que se las pelaban. Quizá esa división fuera solo una elucubración mía.  Sin embargo entre Olga y yo quedó claro desde el principio nuestra posición: íbamos picados. 

Así en frío puede parecer algo ridículo, hasta de mal gusto, pero ¿Qué es toda competición deportiva sino un "pique" entre dos o más adversarios? Si, ya se que lo caballeroso sería medirme con los de mi categoría, pero está claro que no puedo compararme con "Veteranos C masculino" de primera, ni de segunda linea, así que si se tercia la ocasión, y hablando de carreras pedestres claro, me pico con quien sea, sin discriminar por razones de edad o sexo. Y por otro lado, dos no se pican, si uno no quiere.

Así que el trayecto final lo bajamos a toda leche, sin que se viera muy claro como acabaría aquello. La mayor parte era de bajada, pero había algún repecho que se hacía notar, y mucho. Hasta que por fin, alguno ya pidiendo la hora, llegamos al Castillo agrupados e iniciamos el  descenso del último kilómetro que tiene una pendiente realmente endiablada. Manu se tiró cuesta abajo como un loco. Olga hizo lo propio y se lanzó tras él a toda velocidad aunque perdiendo su estela poco a poco. Me fui detrás pero viendo resignado como se me escapaban. Me pareció una bajada realmente peligrosa para hacerla a tumba abierta (una pendiente puede que de más del 10%, encementada de forma irregular y con curvas cerradas). O sea que mi instinto de supervivencia me hizo echar el freno un poco, pero solo un poco. Sabía que los últimos 200 o 300 metros eran llanos y podría quemar ahí mis últimos cartuchos.

Y eso fue lo que hice. En cuanto se acabó la bajada eché el resto y me lancé a por Olga, a la que adelanté unos 100m antes de la llegada. Aun seguí acelerando hasta casi alcanzar  a Manu en la propia meta, pero ya no importaba. Al fin y al cabo éramos del mismo equipo... Aunque puede que todo fueran elucubraciones mías.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Entrenamiento solidario

Este domingo los del grupo 7:45, con los que suelo salir a correr siempre que puedo, organizaron un entrenamiento solidario por la zona del parque del agua. 

A pesar del frío y del cierzo  nos reunimos  una buena cantidad de personal en traje de faena. Después de que el Banco de Alimentos y la Cruz Roja recogieran las donaciones voluntarias de los participantes, se dio la salida a la primera sesión con un recorrido de 3,5 km y al poco, a la de 10 km.



Mª José y yo, antes de empezar a trotar. 
Mi mujer, que lleva en esto desde el verano, eligió el entrenamiento corto por prudencia, pero podría haber hecho el largo conmigo sin problemas. Esto me lo confirmó Pedro, de la organización,  que al  acabar  me dijo que la había visto llegar en las primeras posiciones. ¡Menuda es ella cuando se pone!

El recorrido por la orilla del Ebro, mi hábitat natural como corredor, estuvo de lo más animado esa mañana. La sombra que está al lado de la mía es la de Elena, asidua también a madrugar con el grupo 7:45 y con la que compartí gran parte del trayecto.

En resumidas cuentas: Una buena forma de encarar una mañana de domingo.